Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y tus ojos son la patria del relámpago
que dibuja en tu faz una estrella de plata;
antes de nacer, el reloj del pedestal marcó
umbrales, espesas regiones horas aciagas.
Amor préstame tus pómulos fríos; deja latir
estertores; déjalos alcanzar fugados ratones.
En la salida alocada de piernas errantes,
inmóviles bosques de fuego vivieron en el
dolor y en la renuncia de festejos.
Hubo lágrimas pisoteadas; fábulas desertoras.
Hubo la sal obscura prendida a los nubarrones
y la exacta ausencia de cruces forcejeando en la
primavera y en las fantasmagóricas bengalas
del invierno después del chisporroteo...
Hubo así un beso gigante que derrumbó al sol.
Ahora no hay nada, ni siquiera vas vestida con
abalorios de esclava. Ya perdoné la hueca
discordancia de tu descaro y con un gemido
mojé de lluvia los pies del mundo...
que dibuja en tu faz una estrella de plata;
antes de nacer, el reloj del pedestal marcó
umbrales, espesas regiones horas aciagas.
Amor préstame tus pómulos fríos; deja latir
estertores; déjalos alcanzar fugados ratones.
En la salida alocada de piernas errantes,
inmóviles bosques de fuego vivieron en el
dolor y en la renuncia de festejos.
Hubo lágrimas pisoteadas; fábulas desertoras.
Hubo la sal obscura prendida a los nubarrones
y la exacta ausencia de cruces forcejeando en la
primavera y en las fantasmagóricas bengalas
del invierno después del chisporroteo...
Hubo así un beso gigante que derrumbó al sol.
Ahora no hay nada, ni siquiera vas vestida con
abalorios de esclava. Ya perdoné la hueca
discordancia de tu descaro y con un gemido
mojé de lluvia los pies del mundo...