danie
solo un pensamiento...
Cosechas de un periplo que redime hélices
eternamente en un dios efebo anclado en sus miserias
frente al hallazgo de un albor,
pericia de una corona apolínea que consiente al orbe y sus tertulias,
santiamén sereno en épocas de vías que conectan
a relámpagos de prelados y pontífices huérfanos,
rostro del astro carente de luz sobre los macizos peregrinos de un naciente
entre la calima enajenada por las caderas ociosas del vaticinador.
De la pitonisa que envenena la sabia del río con su busto manchado por la blasfemia
que marca la fruición de un infortunio,
como un espectro bizarro,
como una enramada meretriz del lapso y su presión sobre
la alquería hierática de un arista de dilapidación,
atavío de la testa de un toro muerto por el puñal buido de un dogma ferviente ,
ese toro de un plenilunio que constela con su sangre al circo de un Cesar ,
ese Cesar bautizado por un oráculo teñido por la tinta de la mitología y su Perseo ,
ese Perseo que yace en mi lápiz y en esta hoja manchada por una cruz.
¿Con quién soñar mejor?
¿Con la quimeras fauces de un Olimpo o con el Coliseo mendaz del apóstol de un Dios?
Un Dios romano, labrado por los hombres con temor
Mientras más lo pienso, viajo a un mundo de ceguedades con el garrido mazo de Thor
o beso los matices de un Aqueronte,
bebo de los licores y sus aguamieles con el barquero
o corro en los campos Tártaros con mi fiel guardián Cerbero.
Mientras más lo veo, pierdo la razón
¿Cuál razón?
La de una oquedad que se balancea sobre mis mogotes con las espinas de azufre,
sobre un nimbo de cirios chamuscados por el oro, la codicia, la gula y la traición.
eternamente en un dios efebo anclado en sus miserias
frente al hallazgo de un albor,
pericia de una corona apolínea que consiente al orbe y sus tertulias,
santiamén sereno en épocas de vías que conectan
a relámpagos de prelados y pontífices huérfanos,
rostro del astro carente de luz sobre los macizos peregrinos de un naciente
entre la calima enajenada por las caderas ociosas del vaticinador.
De la pitonisa que envenena la sabia del río con su busto manchado por la blasfemia
que marca la fruición de un infortunio,
como un espectro bizarro,
como una enramada meretriz del lapso y su presión sobre
la alquería hierática de un arista de dilapidación,
atavío de la testa de un toro muerto por el puñal buido de un dogma ferviente ,
ese toro de un plenilunio que constela con su sangre al circo de un Cesar ,
ese Cesar bautizado por un oráculo teñido por la tinta de la mitología y su Perseo ,
ese Perseo que yace en mi lápiz y en esta hoja manchada por una cruz.
¿Con quién soñar mejor?
¿Con la quimeras fauces de un Olimpo o con el Coliseo mendaz del apóstol de un Dios?
Un Dios romano, labrado por los hombres con temor
Mientras más lo pienso, viajo a un mundo de ceguedades con el garrido mazo de Thor
o beso los matices de un Aqueronte,
bebo de los licores y sus aguamieles con el barquero
o corro en los campos Tártaros con mi fiel guardián Cerbero.
Mientras más lo veo, pierdo la razón
¿Cuál razón?
La de una oquedad que se balancea sobre mis mogotes con las espinas de azufre,
sobre un nimbo de cirios chamuscados por el oro, la codicia, la gula y la traición.