Dark Shadowlord
Poeta recién llegado
Dedicado a Black Princess:
Se amaban, sin embargo, se sentían apartados, una vida los separaba, ella, con los recuerdos de una larga vida de inmortal en su memoria, y él, con sólo los años que su vida común le había regalado. Durante la noche se reunían para expresarse su amor de todas las maneras que se les ocurrían, pero había un temor, el temor de la separación, la separación inevitable que se acercaba a cada año que pasaba. Él se iría y ella no podría enfrentar el dolor de su partida, y le propuso al fin, lo que pensaba desde hacía tanto... Transformarlo, convertirlo en su igual, en otro inmortal como ella, pero no tenía el valor de matarlo, lo apreciaba demasiado, no podía arrancarle esa vida de la que tanto se había enamorado. Pero a él no le importaba, su único deseo era estar junto a ella, junto a la única persona que le había brindado ese sentimiento, ese maravilloso sentimiento que le hizo apreciar la vida, el amor. Así que luchó por convencerla, por hacerle ver que con su muerte, podrían estar juntos por siempre.
Al fin la convenció y ella se preparó para cumplir su parte, con cuidado se acercó a su cuello y lo acarició con sus labios, como una disculpa por lo que le haría a continuación... Abrió la boca un poco y antes de asestar el golpe, susurró: "Perdón" y le clavó los colmillos. Poco a poco la vida de su amado se apagaba, se iba, pero no desistió, una vez empezado, no quería detenerse, pues lo dejaría medio muerto si se detenía. Continuó su tarea por varios minutos, la sangre comenzaba aresbalarle por el cuello y el pecho, pero no desistió, siguió sorbiendo su sangre hasta que no quedó nada en él y se separo delicadamente para darle espacio al despertar.
El tiempo transcurrió y su semblante comenzó a palidecer y a lucir como la muerte, ya faltaba poco. Después de unas horas de espera, él abrió los ojos, esos ojos que la habían cautivado desde el principio, ya no se veían igual y, sin embargo, se veían mas hermosos. Tomó su mano y le ayudó a incorporarse, con su muerte comenzaba una nueva vida. Ahora podrían estar por siempre juntos, como siempre lo desearon, ahora él podía amarla por algo más, por darle ese maravilloso regalo, por amarle tanto que le dio muerte.
Y así ambos, tomados de la mano, se fundieron con las sombras de la noche.
Se amaban, sin embargo, se sentían apartados, una vida los separaba, ella, con los recuerdos de una larga vida de inmortal en su memoria, y él, con sólo los años que su vida común le había regalado. Durante la noche se reunían para expresarse su amor de todas las maneras que se les ocurrían, pero había un temor, el temor de la separación, la separación inevitable que se acercaba a cada año que pasaba. Él se iría y ella no podría enfrentar el dolor de su partida, y le propuso al fin, lo que pensaba desde hacía tanto... Transformarlo, convertirlo en su igual, en otro inmortal como ella, pero no tenía el valor de matarlo, lo apreciaba demasiado, no podía arrancarle esa vida de la que tanto se había enamorado. Pero a él no le importaba, su único deseo era estar junto a ella, junto a la única persona que le había brindado ese sentimiento, ese maravilloso sentimiento que le hizo apreciar la vida, el amor. Así que luchó por convencerla, por hacerle ver que con su muerte, podrían estar juntos por siempre.
Al fin la convenció y ella se preparó para cumplir su parte, con cuidado se acercó a su cuello y lo acarició con sus labios, como una disculpa por lo que le haría a continuación... Abrió la boca un poco y antes de asestar el golpe, susurró: "Perdón" y le clavó los colmillos. Poco a poco la vida de su amado se apagaba, se iba, pero no desistió, una vez empezado, no quería detenerse, pues lo dejaría medio muerto si se detenía. Continuó su tarea por varios minutos, la sangre comenzaba aresbalarle por el cuello y el pecho, pero no desistió, siguió sorbiendo su sangre hasta que no quedó nada en él y se separo delicadamente para darle espacio al despertar.
El tiempo transcurrió y su semblante comenzó a palidecer y a lucir como la muerte, ya faltaba poco. Después de unas horas de espera, él abrió los ojos, esos ojos que la habían cautivado desde el principio, ya no se veían igual y, sin embargo, se veían mas hermosos. Tomó su mano y le ayudó a incorporarse, con su muerte comenzaba una nueva vida. Ahora podrían estar por siempre juntos, como siempre lo desearon, ahora él podía amarla por algo más, por darle ese maravilloso regalo, por amarle tanto que le dio muerte.
Y así ambos, tomados de la mano, se fundieron con las sombras de la noche.