Teo Moran
Poeta fiel al portal
Llego con las manos vacías y el corazón
envuelto con los ropajes del peregrino,
toco a tu puerta con el alma encendida
y las cansadas huellas del sendero viejo,
llego con el hambre de un hombre vacío
que jamás será llenado ni saciado,
y te busco, miro a mi alrededor
un solo gesto, una de tus palabras
den abrigo y esperanza a mi corazón.
No necesito llaves para puertas de piedra,
tampoco clavos para una figura de cera,
quiero el frenesí del mar con sus olas frías,
la risa alegre de los niños en la acera
mientras llevan en sus manos blancas y menudas
un ramo de trigo y rojas amapolas.
No necesito campanas sordas en el cielo
que no alcanzan con su repicar a los pobres,
quiero caminar junto al hombre que fue niño
y por sus actos me hice mejor persona,
cuando la melodía del amor nos alcanza
y nuestra carga cae por su propio peso,
sé que estuvo conmigo cuando tú faltabas
y preocupados nos manteníamos en vilo,
mirábamos como el verde jardín engalanado
cada primavera nos hacía un sitio
y riendo nos ocultábamos como dos niños.
No necesito salmos que hablen de pecados,
ni de aquellos que no alcanzarán el paraíso,
no necesito jueces que cierren las puertas,
solo quiero que tus labios sean todas las llaves
que abrirán con su dulce y alegre oración
la tormenta que inunde a mi corazón
y un día el alma como una gota fría
se una a otras en el cauce del río.