luz gento
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi dulce lihuel,
mi niña querida,
pasaron los años
tan llenos de días.
Recuerdo tus ojos
desde una cunita,
tus manitas tiernas,
todas tus sonrisas.
Tus primeros pasos,
cortos, titilantes,
entre los naranjos
se me hacen distantes.
Cuando tu manita
abrió el corazón
y entre sus deditos
me llevó una flor.
Aquellas colitas
cual tiernas cascadas
cayendo rendidas
entre las almohadas.
Y ese guardapolvo
de cuadritos rojo
que llevó tus sueños
cantando a su antojo.
Muy lejos quedaron
tus horas de nena,
crecieron deprisa
tus ropas sin pena.
Tus miradas largas,
tu larga melena,
vestida de ausencias,
de sueños que sueñas.
Pero sigues siendo
mi niña querida,
el tierno tesoro
que Dios me confía.
Mi dicha y tristeza,
angustia, alegría,
mi tierra, mi cielo,
mi todo , mi día.
Por eso no olvides,
aunque quiera el tiempo,
dónde están tus ojos,
dónde tu silencio...
Prendidos de mi alma,
dulces carceleros,
que con dicha traen
amores sinceros.
mi niña querida,
pasaron los años
tan llenos de días.
Recuerdo tus ojos
desde una cunita,
tus manitas tiernas,
todas tus sonrisas.
Tus primeros pasos,
cortos, titilantes,
entre los naranjos
se me hacen distantes.
Cuando tu manita
abrió el corazón
y entre sus deditos
me llevó una flor.
Aquellas colitas
cual tiernas cascadas
cayendo rendidas
entre las almohadas.
Y ese guardapolvo
de cuadritos rojo
que llevó tus sueños
cantando a su antojo.
Muy lejos quedaron
tus horas de nena,
crecieron deprisa
tus ropas sin pena.
Tus miradas largas,
tu larga melena,
vestida de ausencias,
de sueños que sueñas.
Pero sigues siendo
mi niña querida,
el tierno tesoro
que Dios me confía.
Mi dicha y tristeza,
angustia, alegría,
mi tierra, mi cielo,
mi todo , mi día.
Por eso no olvides,
aunque quiera el tiempo,
dónde están tus ojos,
dónde tu silencio...
Prendidos de mi alma,
dulces carceleros,
que con dicha traen
amores sinceros.