Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Escribir vacío tras la muerte
como si existiese alguna metáfora
para explicarlo con palabras.
Yo tengo que estar ahí
esparciéndome entre las arenas del desierto,
mientras que aquí ahogándome en el lodazal.
Dormir niño sobre el estómago de un elefante
y montarme al titan del mundo
para ver el infinito.
El fuego arde pero ilumina,
no existe la llama sin luz;
como el hombre que sufre pero vuela,
no existe el hombre sin alas.
Tú, yo, ellos, nosotros, ¡todos!,
podemos despegar hacia las tierras olvidadas del África,
como astros errantes girando alrededor del sueño.
Vine a estos prados a sembrar la vida, pero...
¡No lloro por eso!, mi tristeza me aflige
como un puñal de hielo... He sembrado la muerte.
Escribir con sangre a oscuras
el pacto de mi condena;
describir los deseos,
pintar las sensaciones,
darle forma a las estrellitas que no se ven,
cantar canciones que no se oyen,
dibujar el corazón de un alma inexistente...
Y todo para qué.
Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo, dicen.
Y con tan sólo dos décadas y media
y destripando la vanidad.
La paradoja de lo inútil.
¡Cuántas ilusiones!... Y de todas ellas,
¿con cuál irme a dormir por las madrugadas?
No he llorado mientras escribía esta farsa
que ni por céntimos se aproxima a lo real.
Pareciera que ya no puedo ver las estrellas...
Alejandra, ella habrá sido una condenada
pero por lo menos supo encontrarse.
Diría yo, ¿suerte o audacia?,
quizás un poco de ambas.
El demonio es caprichoso...
Caprichoso como un genio no anhelado.
Abandonado en una lámpara y despreciado por el mundo.
El amor no nos pertenece; y
no estamos unidos por el espanto,
estamos unidos por la condena.
Todo esto es parte de un secreto macabro,
menos tenebroso que lastimoso que penas.
Si le oculto esta perla negra al mundo
no es por egoísmo o inseguridad,
es porque odio la ayuda y conozco todas las consecuencias.
Quisiera sonreir mientras recuerdo:
existió un poeta ficticio
que escribía los versos más hermosos
empero se los negaba al público
porque despreciaba el mundo.
O se los negaba al mundo porque despreciaba el público.
Me hubiera gustado compartir sufrimientos con ella,
me hubiera gustado compartir soledades con ella.
Me hubiera gustado compartirme
mientras todavía duraba la puesta del sol.
Orgullosos cobardes que se regodean en el barro,
tal si un pantano fuese el infierno de la vida.
Imbéciles que se apropian de los defectos de los muertos
cual un lujo de parásitos sin tacto son la plaga de la vida.
Al tanto con la lámpara de Diógenes busco al menos uno
que sepa escribir con el alma corazón parlante conopial.
Necio no confundas locura con estupidez, idiota;
No le hablo a los espejos sino a ti, falsa ánima fecunda.
Que en un arcón te olviden los guardianes de la tierra,
¡y sufre, bastardo hijo del destino, todas tus míseras mentiras!
Ha muerto la noche y se posa triunfante el altivo;
el silencio es ineludible y mi pájaro escarlata
ha dejado de cantar y su plumaje de terciopelo húmedo
comienza a dar a luz sus primeros brillos del día
y mi pajarito ha dejado de supurar.
Ha muerto la noche y se posa triunfante el cretino.
El suspiro nocturno, aquel que perfora los oídos
como esos gritos que no se oyen jamás;
aquel tétrico silencio que taladra a los gráciles tímpanos;
aquel que como una gacela mutilada se pudre en la madrugada,
ferviente flora y fauna congelada en el medio de la nada;
¿lo he oído?
Ha muerto ¿y dónde estaba yo?
Muriendo, ¿quizás?, o viviendo en el nunca.
Cual un céfiro sureño alígero
empalideciendo los senos de la natura
encontrábame al revés crucificado
en el cruel hígado de la maldita noche.
Todavía soñando mi propia muerte.
como si existiese alguna metáfora
para explicarlo con palabras.
Yo tengo que estar ahí
esparciéndome entre las arenas del desierto,
mientras que aquí ahogándome en el lodazal.
Dormir niño sobre el estómago de un elefante
y montarme al titan del mundo
para ver el infinito.
El fuego arde pero ilumina,
no existe la llama sin luz;
como el hombre que sufre pero vuela,
no existe el hombre sin alas.
Tú, yo, ellos, nosotros, ¡todos!,
podemos despegar hacia las tierras olvidadas del África,
como astros errantes girando alrededor del sueño.
Vine a estos prados a sembrar la vida, pero...
¡No lloro por eso!, mi tristeza me aflige
como un puñal de hielo... He sembrado la muerte.
Escribir con sangre a oscuras
el pacto de mi condena;
describir los deseos,
pintar las sensaciones,
darle forma a las estrellitas que no se ven,
cantar canciones que no se oyen,
dibujar el corazón de un alma inexistente...
Y todo para qué.
Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo, dicen.
Y con tan sólo dos décadas y media
y destripando la vanidad.
La paradoja de lo inútil.
¡Cuántas ilusiones!... Y de todas ellas,
¿con cuál irme a dormir por las madrugadas?
No he llorado mientras escribía esta farsa
que ni por céntimos se aproxima a lo real.
Pareciera que ya no puedo ver las estrellas...
Alejandra, ella habrá sido una condenada
pero por lo menos supo encontrarse.
Diría yo, ¿suerte o audacia?,
quizás un poco de ambas.
El demonio es caprichoso...
Caprichoso como un genio no anhelado.
Abandonado en una lámpara y despreciado por el mundo.
El amor no nos pertenece; y
no estamos unidos por el espanto,
estamos unidos por la condena.
Todo esto es parte de un secreto macabro,
menos tenebroso que lastimoso que penas.
Si le oculto esta perla negra al mundo
no es por egoísmo o inseguridad,
es porque odio la ayuda y conozco todas las consecuencias.
Quisiera sonreir mientras recuerdo:
existió un poeta ficticio
que escribía los versos más hermosos
empero se los negaba al público
porque despreciaba el mundo.
O se los negaba al mundo porque despreciaba el público.
Me hubiera gustado compartir sufrimientos con ella,
me hubiera gustado compartir soledades con ella.
Me hubiera gustado compartirme
mientras todavía duraba la puesta del sol.
Orgullosos cobardes que se regodean en el barro,
tal si un pantano fuese el infierno de la vida.
Imbéciles que se apropian de los defectos de los muertos
cual un lujo de parásitos sin tacto son la plaga de la vida.
Al tanto con la lámpara de Diógenes busco al menos uno
que sepa escribir con el alma corazón parlante conopial.
Necio no confundas locura con estupidez, idiota;
No le hablo a los espejos sino a ti, falsa ánima fecunda.
Que en un arcón te olviden los guardianes de la tierra,
¡y sufre, bastardo hijo del destino, todas tus míseras mentiras!
Ha muerto la noche y se posa triunfante el altivo;
el silencio es ineludible y mi pájaro escarlata
ha dejado de cantar y su plumaje de terciopelo húmedo
comienza a dar a luz sus primeros brillos del día
y mi pajarito ha dejado de supurar.
Ha muerto la noche y se posa triunfante el cretino.
El suspiro nocturno, aquel que perfora los oídos
como esos gritos que no se oyen jamás;
aquel tétrico silencio que taladra a los gráciles tímpanos;
aquel que como una gacela mutilada se pudre en la madrugada,
ferviente flora y fauna congelada en el medio de la nada;
¿lo he oído?
Ha muerto ¿y dónde estaba yo?
Muriendo, ¿quizás?, o viviendo en el nunca.
Cual un céfiro sureño alígero
empalideciendo los senos de la natura
encontrábame al revés crucificado
en el cruel hígado de la maldita noche.
Todavía soñando mi propia muerte.