Cleissy
Poeta recién llegado
Afuera, cuando sale el sol
y el día oscuro aun con los cielos abiertos,
en penumbra, todavía sueño.
Esto se debe a que, a través del amor,
el velo que nos separa de la realidad
se hace cada vez más tenue.
Corro en el día y grito en la noche,
buscando que me digan quién soy,
yo no soy mis pensamientos
o mis sentimientos
o mis percepciones sensoriales;
o mis experiencias.
Yo soy el espacio en el que todo sucede,
yo soy mi conciencia.
Lo que estoy tratando de decirle,
es con música
que llegue a sus oídos;
es el sonido del agua que fluye,
es el viento que sopla
a través de los arboles.
Es el silencio de la noche,
es el baile de la luz solar
y el resplandor de la luna;
lo que estoy tratando de decirle
está en todas partes.
Es la música,
y cuando usted no es capaz
de entender esta música,
no es capaz de entenderme.
Aún en silencio,
puedo cruzar el misterio de sus caminos,
puedo mantenerme en la sombra
que oculta su rostro;
para evitar no sufrir
por el deseo de profundizar
en sus suspiros y escuchar el murmullo
en la inmensidad de la noche púrpura.
Respirando el silencio,
sentir su esencia en mi desesperación,
perdida en un trance olvidando el espacio,
el tiempo y las distancias;
envuelta en su mordida
lamentando sus ausencias.
Solamente escuchando
el eco de su dolor,
permanece el silencio.
Viene a mí, el recuerdo
de aquellos tiempos,
usted y yo en el claro de luna;
cuando mi alma tomaba un poco de tranquilidad
en el candor de la noche
y me unía a usted,
en un mundo de magia,
un mundo donde todo era posible
donde su mirada era intensa
y sentía aquel fuego, que
me quemaba como brasa.
La luna como el sol
fueron testigos de mi gran pasión,
y ahora lo son de mis derrotas;
aun sabiendo que eran cómplices
de mis emociones más salvajes
y es a ellos
a quien yo ahora confío;
mi memoria sin razón
y el día oscuro aun con los cielos abiertos,
en penumbra, todavía sueño.
Esto se debe a que, a través del amor,
el velo que nos separa de la realidad
se hace cada vez más tenue.
Corro en el día y grito en la noche,
buscando que me digan quién soy,
yo no soy mis pensamientos
o mis sentimientos
o mis percepciones sensoriales;
o mis experiencias.
Yo soy el espacio en el que todo sucede,
yo soy mi conciencia.
Lo que estoy tratando de decirle,
es con música
que llegue a sus oídos;
es el sonido del agua que fluye,
es el viento que sopla
a través de los arboles.
Es el silencio de la noche,
es el baile de la luz solar
y el resplandor de la luna;
lo que estoy tratando de decirle
está en todas partes.
Es la música,
y cuando usted no es capaz
de entender esta música,
no es capaz de entenderme.
Aún en silencio,
puedo cruzar el misterio de sus caminos,
puedo mantenerme en la sombra
que oculta su rostro;
para evitar no sufrir
por el deseo de profundizar
en sus suspiros y escuchar el murmullo
en la inmensidad de la noche púrpura.
Respirando el silencio,
sentir su esencia en mi desesperación,
perdida en un trance olvidando el espacio,
el tiempo y las distancias;
envuelta en su mordida
lamentando sus ausencias.
Solamente escuchando
el eco de su dolor,
permanece el silencio.
Viene a mí, el recuerdo
de aquellos tiempos,
usted y yo en el claro de luna;
cuando mi alma tomaba un poco de tranquilidad
en el candor de la noche
y me unía a usted,
en un mundo de magia,
un mundo donde todo era posible
donde su mirada era intensa
y sentía aquel fuego, que
me quemaba como brasa.
La luna como el sol
fueron testigos de mi gran pasión,
y ahora lo son de mis derrotas;
aun sabiendo que eran cómplices
de mis emociones más salvajes
y es a ellos
a quien yo ahora confío;
mi memoria sin razón