José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este cuerpo desvaído,
hoy está inconcluso,
sin candor, ni alegría, otrora
florecía como los almendros,
era una primavera festiva.
La sangre circulaba como los ríos,
hoy, congelada como los icebergs
a la deriva, sin rumbo, sin lumbre,
la hoguera se apagó con la lluvia.
Ya no tengo tu cuerpo, ni los besos
ni las caricias de tus manos,
que parecían una brisa fresca de verano,
un perfume atrayendo a los gusanos;
ingravidez de alma, me provoca tu ausencia.
El tren se marchó dejando la estela
de tu aliento, tras la bocanada de humo negro,
que iba esparciendo por el aire, aún molesto,
por el peregrinaje que se veía envuelto.
¿Por qué nadie me avisó de tu marcha?
quedé a merced de la estructura socavada
de mi casa, mariposas de hielo volaban,
por el jardín de las pasiones embravecidas,
las que dejaban los cielos endiosados.
El jardín no florece, no hay amor en mis mejillas,
ni se ruborizan, están ancladas en el vacío
que me dejaste, en aquella tarde sombría
de las ánimas muertas; y yo, seguía sin sentir nada:
sólo el viento que me llevaba, y me iba alejando
de la vida.