Pensaba que lo mío eran las causas perdidas,
rescatando de huracanes, naufragios desolados.
¿Causa perdida?
Escombros de mi vida
-Los papeles de sus versos surcaron las cuevas del enojo-
Pensaba que el llorar no curaba,
solo ajaba el rostro de mi piel.
¿Llorar?
Envenenando el alma, comiendo tanta herida de la nada.
Me dedicaba a cada vuelo de mariposas
-No, era su vuelo, era el color que desprendían de su danza-
Pensaba que vivían dioses eternos que sueltan fantasías a lo ancho,
poniéndome sus alas pretendiendo alzar vuelo.
¿Vuelo?
Choque con las paredes que pintaron las hojas del otoño
-Hojas marchitas que sollozan el frio sin remedio-
Pensaba que existía el lugar donde el infante saltaría en las nubes,
batiendo cada ansia de nacer de nuevo.
¿Infante?
Mira como recoge sus canicas buscando caminos de silencio
-Recordaba como de niña creía controlar el viento-
Pensaba que era fácil quitar las piedras del sendero y fijar mis pies,
pero ruedan, ruedan como copos de nieve.
¿ Nieve?
Si, nieve que envuelve la aurora de frenéticas miradas
-Deteniendo en su pecho cada miedo que inflama su sentir-
Pensaba que la libertad la encontraría sumergiéndome en el océano,
penetrando a sus otros mundos.
¿Océano?
Espesas aguas de la soledad eterna
-¿El corazón roto no es suficiente? ¡No! Incinera sus pedazos-
Pensaba que los paisajes, el baile de los árboles me inspiraban
erigiendo las sinfonías de belleza.
¿Sinfonías?
Ve sus bocas llenas de sarcasmo
-La tragedia embravecida sujetó su mano-
¡Vaya! No hay marcas visibles de su infamia
-Si, amputados están todos sus sueños-
Ya no pienso
Me entrego a la demencia.