Me derrota el polvo
que cae sobre mi espalda.
es invisible, y sin embargo,
nota mi frente su peso oneroso
tal cual fuese plomo.
Me derrota el sueño
que huye y no se concreta,
temeroso de las regiones
a las que mi subconsciente,
una y otra vez vuelve,
con la insistencia de un loco.
Me derrota tu ausencia,
aunque ya no recuerde
el día, la hora,
que cerraste la puerta,
te llevaste la llave
y en esta isla me dejaste,
vacía, varada y a la vida anclada.
Me derrota el conocer,
saber demasiado de lo que es perder;
anticipar la jugada que el jaque señala,
pero inmóvil quedarte sin hacer nada.
Me derrota el sentimiento de impotencia,
de ser un espíritu que se evapora,
que suda insignificancia cuando se atraganta,
que no sabe colocarse en su adecuado estante,
que no sabe afrontar lo que tiene delante.
que cae sobre mi espalda.
es invisible, y sin embargo,
nota mi frente su peso oneroso
tal cual fuese plomo.
Me derrota el sueño
que huye y no se concreta,
temeroso de las regiones
a las que mi subconsciente,
una y otra vez vuelve,
con la insistencia de un loco.
Me derrota tu ausencia,
aunque ya no recuerde
el día, la hora,
que cerraste la puerta,
te llevaste la llave
y en esta isla me dejaste,
vacía, varada y a la vida anclada.
Me derrota el conocer,
saber demasiado de lo que es perder;
anticipar la jugada que el jaque señala,
pero inmóvil quedarte sin hacer nada.
Me derrota el sentimiento de impotencia,
de ser un espíritu que se evapora,
que suda insignificancia cuando se atraganta,
que no sabe colocarse en su adecuado estante,
que no sabe afrontar lo que tiene delante.