Loco
Poeta fiel al portal
Gota a gota caen lágrimas que preñan el suelo,
a tus pies de caracola un lago de cobre se esfuma,
entre suspiros del azahar egeo de tu garganta.
No sé porque siento, que no puedo avanzar hacia atrás,
que no aguanto por momentos, y que me hundo
de nuevo en el misterio de tus corrientes manos
recorriendo cómo trillas de marejadas
mi cuerpo de heno, anémonas y difuso sol.
Un mar inmenso manado en huracanes
que en espuma se baten, en mi pecho cavernoso
de color ámbar transparente, de color a cielo caído,
reflejo de tu risa, de tu voz engañosa de sirena procaz.
Quiero nadar, empujando mi cuerpo inerte flota
cuando quiero que se hunda, dentro de tu marisma
de color negro con sabor a sal y brea de arena.
Me ahogarás entre las perlas blancas, brillantes,
que crecen en tu gruta, y justo cuando esté
casi sin aire te subieran medusas en tu lengua de coral
para que respire lo justo, sin morir en un ósculo
de Tetis furiosa y vengadora.
Me hundo, pataleo, grito, lloro, gozo con dolor,
y mis lágrimas se pierden en el fondo
de tus curvas onduladas oceánicas.
Lluvia de asfalto vaporoso, no hay nada
más que intentar retenerla en la retina de mis sentidos,
sin que se mezclen con la tierra de tu interior,
húmedo, rocoso, trémulo que traga una a una,
las salpicaduras gomosas de mi galerna,
y guardarlas en el seno dónde purgan los sueños.
Bébeme hasta ser agua, y que sea tu cuerpo
el que se confunda con el mar,
y yo sea el sol que te evapora creando
nubes tangibles de pasión carmesí.
No pensar nada, no hacer nada, no respirar
no mover los labios, sólo masticar salitre y sudor
en la compañía de tu naufragio de gozo.
Morir, huir de la vida, y encerrarme
en este mundo imaginario que día a día ahoga,
con tus olas corporales, meciéndome en el horizonte,
con su atardecer teñido en azul y sol qué muere,
para perderse otra vez, buscando de nuevo
sentir el agua de tu cuerpo, rozando mis células
y dándome un sorbo de vida y desenfreno.
Dedicado a Armonía por su vuelta. Besos locos mi loca amiga.