Salvatierra
Poeta recién llegado
Juguemos a ser extraños, un par de desconocidos
que un día se encuentran en la calle
y toman sin pensarlo cada uno del otro lo que necesita.
Pretendamos que mi necesidad reside en algo divino
como la constitución vulnerable de tu cuerpo,
y que tus intereses están ligados a algo más mundano
como la insuficiencia dentro de mi billetera.
Imaginemos que nuestro cuarto sagrado
no es más que el hostal repleto de camastros;
que tú eres la perla manchada por los cerdos
y yo el viajero que arranca para sí la rosa en el sendero.
Montemos por un momento
la farsa simbiótica del amor comprado;
deja de amarme un instante mientras yo te olvido un momento,
para poder entender mejor este sacrificio.
Juguemos a que soy el hombre que busca acallar su instinto
y tú la puta triste, primera actriz en el teatro de la vida.
Y así, cuando bañada en mi sudor ahora ajeno
recuerdes de súbito que soy yo al que amas
y sientas que he robado un reino de tu cielo,
descubriendo en mí al hombre que te ama
con la nada en el bolsillo y la cartera,
entiendas por fin que siempre te he pagado
con pequeños fragmentos de mi alma.
que un día se encuentran en la calle
y toman sin pensarlo cada uno del otro lo que necesita.
Pretendamos que mi necesidad reside en algo divino
como la constitución vulnerable de tu cuerpo,
y que tus intereses están ligados a algo más mundano
como la insuficiencia dentro de mi billetera.
Imaginemos que nuestro cuarto sagrado
no es más que el hostal repleto de camastros;
que tú eres la perla manchada por los cerdos
y yo el viajero que arranca para sí la rosa en el sendero.
Montemos por un momento
la farsa simbiótica del amor comprado;
deja de amarme un instante mientras yo te olvido un momento,
para poder entender mejor este sacrificio.
Juguemos a que soy el hombre que busca acallar su instinto
y tú la puta triste, primera actriz en el teatro de la vida.
Y así, cuando bañada en mi sudor ahora ajeno
recuerdes de súbito que soy yo al que amas
y sientas que he robado un reino de tu cielo,
descubriendo en mí al hombre que te ama
con la nada en el bolsillo y la cartera,
entiendas por fin que siempre te he pagado
con pequeños fragmentos de mi alma.
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