prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se derrama la noche
sobre aquello que se viste de piedra,
sobre ojos fosilizados de dinosaurio
y cuellos de jirafas,
se derrama como un cansancio de astro castrado
que hierve en las heridas.
¿Qué rostros de oxígeno contienen los lunares de tu ausencia?
Laureles de ceniza en los atrios explosivos de lo irracional.
¡Abriga-me los huesos que hace frío, vida!
Cuéntame los sueños que desangran tus colinas.
Me hace falta una de tus irreversibles maquetas,
un sinsentido del pulso de ave que te corrompe.
Cansado de ser flama ardiente en las pupilas de los muebles.
Esa corredera de soldados de agua hacia el ombligo
por los vahos de la historia de tus amaneceres
como peces que se detienen a respirar
en esa fisura que soy,
ese hueco que me nombra en el desvaído mármol del tiempo...
Abriga-me los huesos que hace frío, vida.
Hace un tobogán de fríos
como reptiles desorientados que se devoran entre sí en aguas turbias.
sobre aquello que se viste de piedra,
sobre ojos fosilizados de dinosaurio
y cuellos de jirafas,
se derrama como un cansancio de astro castrado
que hierve en las heridas.
¿Qué rostros de oxígeno contienen los lunares de tu ausencia?
Laureles de ceniza en los atrios explosivos de lo irracional.
¡Abriga-me los huesos que hace frío, vida!
Cuéntame los sueños que desangran tus colinas.
Me hace falta una de tus irreversibles maquetas,
un sinsentido del pulso de ave que te corrompe.
Cansado de ser flama ardiente en las pupilas de los muebles.
Esa corredera de soldados de agua hacia el ombligo
por los vahos de la historia de tus amaneceres
como peces que se detienen a respirar
en esa fisura que soy,
ese hueco que me nombra en el desvaído mármol del tiempo...
Abriga-me los huesos que hace frío, vida.
Hace un tobogán de fríos
como reptiles desorientados que se devoran entre sí en aguas turbias.
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