Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MANIAS
Manías que pule el polvo en la escena…
Una vez más elevo una plegaria por esta excoriación en mis rodillas.
Digito entre mis dedos el rosario de despedidas por los que ya se fueron
y sin embargo, siguen estando aquí, enceguecidos por la espera.
Manías que teje el cuerpo en sus divanes.
Sé que he muerto mientras mido la devoción de mis palabras
ninguna de ellas describe peor estos argumentos
por ser el primero en las certezas
o el último, en la levedad de los egos montaraces.
Desperdicio tiempo y espacio por comprender
el trabajo de la aurora,
del insecto,
del vagabundo envuelto
en su muladar de hastío;
crezco y fenezco en mis lagares
resucito en la heredad de un bostezo.
Manías que el cuerpo cree reconquistar...
sopor y misterio,
breve eternidad de un instante convulsivo.
Manías que pule el polvo en la escena…
Una vez más elevo una plegaria por esta excoriación en mis rodillas.
Digito entre mis dedos el rosario de despedidas por los que ya se fueron
y sin embargo, siguen estando aquí, enceguecidos por la espera.
Manías que teje el cuerpo en sus divanes.
Sé que he muerto mientras mido la devoción de mis palabras
ninguna de ellas describe peor estos argumentos
por ser el primero en las certezas
o el último, en la levedad de los egos montaraces.
Desperdicio tiempo y espacio por comprender
el trabajo de la aurora,
del insecto,
del vagabundo envuelto
en su muladar de hastío;
crezco y fenezco en mis lagares
resucito en la heredad de un bostezo.
Manías que el cuerpo cree reconquistar...
sopor y misterio,
breve eternidad de un instante convulsivo.
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