RosaeBlack
Poeta asiduo al portal
Sobre las Piedras grises
de pétreos agrietados
por los azares del tiempo.
Entre cruces de bronce
y sombras de espanto y llanto.
Reposa, dormida, doncella de piel tostada
mirada de alquimia y Alma Gitana.
Con su vestido blanco de bodas,
sus cabellos cubiertos de flores negras
y sobre su rostro ovalo, de piel de luna creciente,
lágrimas de brasa ardiente.
Cantaba una canción de amor en duelo,
porque la noche de bodas,
!traía muerte!, !dolor! y !luto!
a su corazón que casi estalla
de tanto amar y ser amado.
Si la maldad tiene un aroma,
aquella noche... todo olía a la maldad más cristalina.
Con su vestido rasgado,
y su piel tatuada
en cardenales rojos intenso.
Había perdido,
su honra,
que con tanto placer había guardado.
Para su amor,
oscuridad de existencia,
claridad del Alma,
Manantial de vida.
Aquella noche de amor,
fue noche de lujuria tormentosa,
pues ladrones de sueños,
vampiros de oscuros pensamientos,
le habían robado su honra.
Sobre la hierva marchita,
del cementerio de sueños,
reposaba el cadáver del novio,
con una daga que traspasaba su pecho.
Cuenta la leyenda,
que el Alma de aquella doncella.
Canta, aún canta,
la canción de Amor en duelo.
Y pena, pena, por su honra
y su amor muerto, sobre la grama de un cementerio.
de pétreos agrietados
por los azares del tiempo.
Entre cruces de bronce
y sombras de espanto y llanto.
Reposa, dormida, doncella de piel tostada
mirada de alquimia y Alma Gitana.
Con su vestido blanco de bodas,
sus cabellos cubiertos de flores negras
y sobre su rostro ovalo, de piel de luna creciente,
lágrimas de brasa ardiente.
Cantaba una canción de amor en duelo,
porque la noche de bodas,
!traía muerte!, !dolor! y !luto!
a su corazón que casi estalla
de tanto amar y ser amado.
Si la maldad tiene un aroma,
aquella noche... todo olía a la maldad más cristalina.
Con su vestido rasgado,
y su piel tatuada
en cardenales rojos intenso.
Había perdido,
su honra,
que con tanto placer había guardado.
Para su amor,
oscuridad de existencia,
claridad del Alma,
Manantial de vida.
Aquella noche de amor,
fue noche de lujuria tormentosa,
pues ladrones de sueños,
vampiros de oscuros pensamientos,
le habían robado su honra.
Sobre la hierva marchita,
del cementerio de sueños,
reposaba el cadáver del novio,
con una daga que traspasaba su pecho.
Cuenta la leyenda,
que el Alma de aquella doncella.
Canta, aún canta,
la canción de Amor en duelo.
Y pena, pena, por su honra
y su amor muerto, sobre la grama de un cementerio.