Licantropía, enfermedad con la que muchos sueñan.
Inmortalidad en tu mano, luna llena como dueña.
Historia de amor en tu corazón, que quema leña,
aunque irradies sogas de aura nadie te enseña
la maldición que tu alma posee en ese momento.
Portento de llevar en mi sangre el no estar exento
de aullar cada mes a mi pensar fraudulento.
Vi a una pequeña preciosa, un manjar suculento
que en mis brazos se apoyó, víctima de mi encanto.
El espanto de mi conversión ni mi alto llanto
por esperarla nadie contempló, sólo oyeron mi canto
en cada blanca faz nocturna que me quita del santo
ser que nací, que fui blanco y negro me torné
pero, poco a poco, en la miseria me desgracié.
Y así fue como adolescente me encontré
a aquella hija de la Luna a la cual me encinté.
Salvada de los dramas aquella mañana
cuando ni mis instintos carcomían mis ganas
de alimentarme, auné fuerzas y a humanas
sendas, con mis sentimientos que emanan,
fue cuando mi carne cayo en su red de acero.
Ni el titanio mismo rasgaba su lazo de hechicero,
prendado en mi lado humano, no en guerrero
de sangre, calmé mi hambre y mi yo carnicero.
Su tez blanca y brillante asombraban a mi escudo
y fiera lobezna cortó de mis entrañas, parecía mudo.
Pero madre Luna hizo aullar de nuevo rudo
a aquel que no podía con la enfermedad que aludo.
Encarnizado en cólera sus ojos a rojos volvió,
el sentir sensible a dura piedra su odio creció.
Su sed de muerte ni un pensar tierno dudó,
este lobo a aquella chica sus dientes mostró:
"Y en medio de pasión transformó su piel
su alma y su carne se fundieron en amarga hiel.
Aun su amada infinita a su locura había de ser fiel,
y convertir en desastre todo lo que era miel."
Hija de la Luna, desde mi tumba no te latigo
el que aquel puñal plateado me atravesaras consigo;
supe que más tarde retorné en no enemigo
y cuando humano me observaste lloraste conmigo.
Por tu maldición, por la mía, buscaste carmín
un dulce veneno que juntaste en sinfín.
Ya en labios oscuros rezaste por ti
en un tierno beso recostada junto a mí...
para siempre, para la Hija de la Luna que siempre recuerdo, sé que aún sigo unido contigo. No puedo evitarlo. Es mi MALDICIÓN.
Inmortalidad en tu mano, luna llena como dueña.
Historia de amor en tu corazón, que quema leña,
aunque irradies sogas de aura nadie te enseña
la maldición que tu alma posee en ese momento.
Portento de llevar en mi sangre el no estar exento
de aullar cada mes a mi pensar fraudulento.
Vi a una pequeña preciosa, un manjar suculento
que en mis brazos se apoyó, víctima de mi encanto.
El espanto de mi conversión ni mi alto llanto
por esperarla nadie contempló, sólo oyeron mi canto
en cada blanca faz nocturna que me quita del santo
ser que nací, que fui blanco y negro me torné
pero, poco a poco, en la miseria me desgracié.
Y así fue como adolescente me encontré
a aquella hija de la Luna a la cual me encinté.
Salvada de los dramas aquella mañana
cuando ni mis instintos carcomían mis ganas
de alimentarme, auné fuerzas y a humanas
sendas, con mis sentimientos que emanan,
fue cuando mi carne cayo en su red de acero.
Ni el titanio mismo rasgaba su lazo de hechicero,
prendado en mi lado humano, no en guerrero
de sangre, calmé mi hambre y mi yo carnicero.
Su tez blanca y brillante asombraban a mi escudo
y fiera lobezna cortó de mis entrañas, parecía mudo.
Pero madre Luna hizo aullar de nuevo rudo
a aquel que no podía con la enfermedad que aludo.
Encarnizado en cólera sus ojos a rojos volvió,
el sentir sensible a dura piedra su odio creció.
Su sed de muerte ni un pensar tierno dudó,
este lobo a aquella chica sus dientes mostró:
"Y en medio de pasión transformó su piel
su alma y su carne se fundieron en amarga hiel.
Aun su amada infinita a su locura había de ser fiel,
y convertir en desastre todo lo que era miel."
Hija de la Luna, desde mi tumba no te latigo
el que aquel puñal plateado me atravesaras consigo;
supe que más tarde retorné en no enemigo
y cuando humano me observaste lloraste conmigo.
Por tu maldición, por la mía, buscaste carmín
un dulce veneno que juntaste en sinfín.
Ya en labios oscuros rezaste por ti
en un tierno beso recostada junto a mí...
para siempre, para la Hija de la Luna que siempre recuerdo, sé que aún sigo unido contigo. No puedo evitarlo. Es mi MALDICIÓN.