elseneka
Poeta fiel al portal
Cuando la luz del día
empieza a clarear en mi ventana,
desciende la negrura
sobre los fríos hielos de mi alma.
Y me duele su ausencia
con un dolor ayuno de esperanza.
Y hay un sabor amargo
en mis labios, ansiosos de besarla.
Atrás quedó la noche
saturada de alcohol y risas falsas,
de pobres simulacros de olvido;
cuando sé que jamás podré olvidarla;
de alegrías fingidas,
de vanas ilusiones de encontrarla
que se van, como ella,
cuando comienza a despuntar el alba.
Otras miradas requieren la mía,
otras voces me llaman
cual tentadores cantos de sirena
que no me dicen nada.
Porque no hay ojos que no sean sus ojos
ni, para mí, hay palabras
si no son pronunciadas por su boca.
Y ya, de madrugada,
me duele tanto el corazón por ella,
me sangra tanto el alma
que escribo con mis lágrimas su nombre
sobre la soledad de mi almohada.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com
empieza a clarear en mi ventana,
desciende la negrura
sobre los fríos hielos de mi alma.
Y me duele su ausencia
con un dolor ayuno de esperanza.
Y hay un sabor amargo
en mis labios, ansiosos de besarla.
Atrás quedó la noche
saturada de alcohol y risas falsas,
de pobres simulacros de olvido;
cuando sé que jamás podré olvidarla;
de alegrías fingidas,
de vanas ilusiones de encontrarla
que se van, como ella,
cuando comienza a despuntar el alba.
Otras miradas requieren la mía,
otras voces me llaman
cual tentadores cantos de sirena
que no me dicen nada.
Porque no hay ojos que no sean sus ojos
ni, para mí, hay palabras
si no son pronunciadas por su boca.
Y ya, de madrugada,
me duele tanto el corazón por ella,
me sangra tanto el alma
que escribo con mis lágrimas su nombre
sobre la soledad de mi almohada.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com