eclipse
Poeta recién llegado
Fálicas las rosas en el portal,
El olvido no les cedió un lugar
aunque fenecidas sus raíces supuren
su dulce hedor sobre el pórtico.
Quiméricos vestigios impregnan los cristales
que calados fantasmas enturbian
desde el sadismo otoñal que infunde el pavor
de escoriosos atardeceres disipando mi sepulcro.
Cuando tornadas inexorables sus espectrales cuencas,
sondearé los abismos por el torrente
diáfano donde de rodillas he de ahogarme,
soslayaré la luna, blasfemaré el sol.
Y ardiente el alba engulliré los diabólicos brotes,
Y muerto el ocaso esputaré ante mis semejantes:
Bajo el sol el fluir habría de expiarme.
El olvido no les cedió un lugar
aunque fenecidas sus raíces supuren
su dulce hedor sobre el pórtico.
Quiméricos vestigios impregnan los cristales
que calados fantasmas enturbian
desde el sadismo otoñal que infunde el pavor
de escoriosos atardeceres disipando mi sepulcro.
Cuando tornadas inexorables sus espectrales cuencas,
sondearé los abismos por el torrente
diáfano donde de rodillas he de ahogarme,
soslayaré la luna, blasfemaré el sol.
Y ardiente el alba engulliré los diabólicos brotes,
Y muerto el ocaso esputaré ante mis semejantes:
Bajo el sol el fluir habría de expiarme.