IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Flores de loto sangriento,
perdidas entre hambrunas,
cuna de un dolor divino,
así como la tierra se abre,
el cielo, cristalino ensueño,
conmueve hasta al horizonte mas lejano,
belleza inmaculada,
teje la anatomía del escepticismo,
de esa por la que nuestra sombra duda,
aferrándose a cada lumínica espesura,
de un pensamiento mundano,
pesares de un rumbo insano,
vamos hundiéndonos en la fortuna,
de recorrer instantes
que se entienden únicos,
mas nunca el temor nos hiere,
debería el tiempo fluir,
a pesar de la innombrable finitud,
una suerte que se imagina,
como temple y como vida,
mas la muerte siempre olvida
cuando empezamos a adorarla,
entre mantos de negrura,
de sinceras añoranzas,
cuando nuestra pena es olvidarla,
nos apreciaremos mas voraces,
con los sentidos decapitados.
perdidas entre hambrunas,
cuna de un dolor divino,
así como la tierra se abre,
el cielo, cristalino ensueño,
conmueve hasta al horizonte mas lejano,
belleza inmaculada,
teje la anatomía del escepticismo,
de esa por la que nuestra sombra duda,
aferrándose a cada lumínica espesura,
de un pensamiento mundano,
pesares de un rumbo insano,
vamos hundiéndonos en la fortuna,
de recorrer instantes
que se entienden únicos,
mas nunca el temor nos hiere,
debería el tiempo fluir,
a pesar de la innombrable finitud,
una suerte que se imagina,
como temple y como vida,
mas la muerte siempre olvida
cuando empezamos a adorarla,
entre mantos de negrura,
de sinceras añoranzas,
cuando nuestra pena es olvidarla,
nos apreciaremos mas voraces,
con los sentidos decapitados.