Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
sorprenden el primer silencio,
y no ofenden la delicada virtud
del alba, alguna nubes escasas
atienden el adagio.
Tu piel revolotea con la almohada,
una caricia te calma.
En la inmensidad el fervor de
los sembrados van labrando los sueños
infantiles, tal vez aquieten làgrimas.
Ojos atentos e inquisidores, exploran
nubarrones.
¿adonde llegan aquellos barriletes?
piruetas lejanas buscando viborear buscan arriba
hasta desmoronarse en el infinito clamor
de los ecos.
La llovizna impensada solo es un ocèano
pequeño: lo icerberg son piedrecillas
que arrementen ruidosamente contra el zinc.
Subes la ventana y desde el fondo trasfunde
poderoso el movimiento del sol.
y no ofenden la delicada virtud
del alba, alguna nubes escasas
atienden el adagio.
Tu piel revolotea con la almohada,
una caricia te calma.
En la inmensidad el fervor de
los sembrados van labrando los sueños
infantiles, tal vez aquieten làgrimas.
Ojos atentos e inquisidores, exploran
nubarrones.
¿adonde llegan aquellos barriletes?
piruetas lejanas buscando viborear buscan arriba
hasta desmoronarse en el infinito clamor
de los ecos.
La llovizna impensada solo es un ocèano
pequeño: lo icerberg son piedrecillas
que arrementen ruidosamente contra el zinc.
Subes la ventana y desde el fondo trasfunde
poderoso el movimiento del sol.
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