Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentado en el suelo
la espalda apoyada, en la pared
pintada de amarillo,
piernas estiradas,
cuaderno abierto
casi escrito por completo,
sobre los muslos,
en la mano bolígrafo
de tinta azul y capuchón mordido;
indecisión....
la primera palabra a trompicones
de inmediato tachada,
igual la segunda
y la tercera y la cuarta,
por un instante el cuaderno
vuelve a abrir su noche
de cenizas enlutadas
e inconsistentes,
de inmediato
amanece en el margen superior izquierdo,
una flecha señala el comienzo
donde la manzana en la cabeza espera,
se remarcan varias veces los finales de frase,
el poeta deja constancia de sus dudas y agravios
de los avances y retrocesos
del aventar de las espigas en el cedazo
de las nubes de paja
que revolotean los ojos y caen
como piel de crisálida
que deja de serlo
y despliega las alas
y desnuda el tiempo;
los huesos de la pared hablan a las estrellas
y este es el final
tal vez el comienzo.
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