Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
La luz se enciende
al apagarse la tarde
e ilumina de nuevo
al espanto cotidiano.
Es inútil manotear
el reflejo en las
aguas del
cristalino espejo ya que
siempre regresará como una
imagen irónica del ayer,
recuerdo abrupto de
una existencia incierta.
A menudo los recuerdos
merodean por el alma
con su huella
de muerte impresa,
dos lágrimas se detienen
en la mitad de las mejillas,
como duro reproche
que atraviesa el
corazón del pasado.
No abras más camino
entre los árboles,
ni enciendas de nuevo
la lámpara mojada,
cierra los oídos
a los cantos del ayer y
al golpeteo del trotar
de los caballos
sobre el sendero
de piedras y de espinos.
al apagarse la tarde
e ilumina de nuevo
al espanto cotidiano.
Es inútil manotear
el reflejo en las
aguas del
cristalino espejo ya que
siempre regresará como una
imagen irónica del ayer,
recuerdo abrupto de
una existencia incierta.
A menudo los recuerdos
merodean por el alma
con su huella
de muerte impresa,
dos lágrimas se detienen
en la mitad de las mejillas,
como duro reproche
que atraviesa el
corazón del pasado.
No abras más camino
entre los árboles,
ni enciendas de nuevo
la lámpara mojada,
cierra los oídos
a los cantos del ayer y
al golpeteo del trotar
de los caballos
sobre el sendero
de piedras y de espinos.
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