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Los bastardos de Dios

Cruzar La Noche

Poeta asiduo al portal
Los bastardos de Dios

Prólogo

La ronda de los depravados. Los rotos, los que se ocultan de la luz. Vicios privados, placeres ocultos. Perversa lujuria, que se nutre del alma oscura. Enmascarados de normalidad, ocultan anormales placeres, prohibidos deseos, inconfesables apetitos guiando sus impulsos. Seres impuros que se ocultan en las sombras. Desgarrados por la culpa se debaten entre arrepentirse o negar sus desviaciones, sus culposos pecados, o entregarse gozosos, sin culpa a satisfacer sus malsanos deseos.

I

Observa su inocencia…

Su candor,

angelical belleza

que me seduce.

Inmaculadas,

virginales,

pequeños querubines.

Al verlas

irrefrenables deseos

embriagan mi alma.

Desearlas, poseerlas, mancillarlas.

Es lujuria que quema mi ser.

Niñas que roban mi cordura,

enferma pasión

que llena mis noches de masturbación.




II

Las veo…

Las observo,

no se ocultan,

se ofrecen a mí,

se visten para mí,

Sonríen para mí.


Soy su dueño…

Su amante,

me invitan a amarlas

las vigilo,

las observo e imagino

mi piel en su piel.


Mi poder dando sentido a su insignificancia.

De vez en vez

escojo una,

la indicada.

A la dueña de mi insomnio.

De madrugada

la visitamos

mi erección,

mi cuchillo y yo.

La hacemos nuestra hasta el amanecer…

Un beso y la firma carmesí de mis amorosos trazos

son el dulce legado de nuestro amor.



III

Silencio…

Frías al tacto,

rotas marionetas

para amarlas.

Son mías, solo mías…

No juzgues este amar.


En la penumbra nada

interrumpe nuestro idilio,

las baño, las limpio,

las peino y maquillo.


Mis cadáveres exquisitos…

Mis mujeres perfectas.

Necesitan mi pasión…

Mis dedos y lengua recorriéndolas

necesitan mi calor.

Esto no solo es sexo

es un infinito amor…



IV

Los bastardos de Dios…

De oscuro amar,

abismo sin salvación.

Son los huecos,

los solitarios,

parias,

los malditos de la creación.


La abominación con rostro humano…

Convivimos con ellos,

los saludamos,

compartimos

el pan y el vino

con sus máscaras,

más nunca alcanzamos a atisbar

el alma negra

que los anima

a amar/ mancillar

aquellos cuerpos que su vacío ansia…
 
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