Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En el vasto jardín de las palabras,
se retuercen lombrices sabias,
cavando en la tierra húmeda
con críticas afiladas que nunca hieren.
Sus cuerpos delgados se enroscan
en torno a los tallos de las metáforas,
interpretan los susurros de las comas,
devoran los puntos y las pausas.
Entre versos se deslizan,
escudriñando rítmicas raíces,
sisean en dialectos de sombras,
el eco de sus voces, una nube pasajera.
No les basta la flor ni su perfume,
buscan el germen en cada semilla,
el arte en cada caída de hoja,
sin jamás ensuciar sus paladares.
Y mientras la luna asciende, impasible,
los poetas plantan nuevas semillas,
sabiendo que bajo la crítica y la loa,
las palabras florecerán,
a pesar de las lombrices,
a pesar de todo.
se retuercen lombrices sabias,
cavando en la tierra húmeda
con críticas afiladas que nunca hieren.
Sus cuerpos delgados se enroscan
en torno a los tallos de las metáforas,
interpretan los susurros de las comas,
devoran los puntos y las pausas.
Entre versos se deslizan,
escudriñando rítmicas raíces,
sisean en dialectos de sombras,
el eco de sus voces, una nube pasajera.
No les basta la flor ni su perfume,
buscan el germen en cada semilla,
el arte en cada caída de hoja,
sin jamás ensuciar sus paladares.
Y mientras la luna asciende, impasible,
los poetas plantan nuevas semillas,
sabiendo que bajo la crítica y la loa,
las palabras florecerán,
a pesar de las lombrices,
a pesar de todo.