Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Cordero vestido de noche,
con la lengua trabada por clavos,
que permitan su locura terminar,
entre los fuegos del destino,
Con la venda roja,
cruzada en el rostro,
que asemeja una herida profunda,
robando hasta el pequeño vivir,
Consuelo de tontos,
guardar las monedas,
que Caronte no acepta,
por estar manchadas,
con la ineptitud de tu vida,
Celestiales consejos,
se susurran a mares
las turbias palabras,
que son llamadas avisos,
¡Me burlo ante ello!
¡Con la grandeza del insano!
¡Con la magnanimidad del poeta!
¡Y la gracia del que nada importa!
La muerte me colma de presentes,
con la inmundicia de esa raza,
que llame alguna vez hermana,
la cuál carece de alma y honor...
¿Mortales inocentes? o...
¿Idiotas sin remedio?
Dejo a vos la respuesta,
asqueado estoy de saberme en ella,
que sirvan mis palabras,
envueltas en satíricas melodías,
para decir... lo que bien sabes ya...
L.V.
con la lengua trabada por clavos,
que permitan su locura terminar,
entre los fuegos del destino,
Con la venda roja,
cruzada en el rostro,
que asemeja una herida profunda,
robando hasta el pequeño vivir,
Consuelo de tontos,
guardar las monedas,
que Caronte no acepta,
por estar manchadas,
con la ineptitud de tu vida,
Celestiales consejos,
se susurran a mares
las turbias palabras,
que son llamadas avisos,
¡Me burlo ante ello!
¡Con la grandeza del insano!
¡Con la magnanimidad del poeta!
¡Y la gracia del que nada importa!
La muerte me colma de presentes,
con la inmundicia de esa raza,
que llame alguna vez hermana,
la cuál carece de alma y honor...
¿Mortales inocentes? o...
¿Idiotas sin remedio?
Dejo a vos la respuesta,
asqueado estoy de saberme en ella,
que sirvan mis palabras,
envueltas en satíricas melodías,
para decir... lo que bien sabes ya...
L.V.