emiled
Poeta adicto al portal
Llueve
y en lo lejano del mar se oye...
Llueve
y en lo lejano del mar se oye
el relincho de los caballos de la muerte.
El viento con su estertor
sopla los alerces
dejándolos atónitos
ante la tormenta
y perdiéndolos.
Yo nada digo, nada hablo,
más que con el eco
que al caer tienen
esos espectros insomnes
que son los relámpagos
en nuestra vida silenciosa,
sin días calmos pero también sin días.
Bastaría con hundirme un poco
en los pantanos de lo estéril,
de lo insulso, de lo asnal
de un viento de marzo
y ver
tu boca que nada teme
de mi boca y mi silencio
y esperarte un poco más,
y esperarte.
y en lo lejano del mar se oye...
Llueve
y en lo lejano del mar se oye
el relincho de los caballos de la muerte.
El viento con su estertor
sopla los alerces
dejándolos atónitos
ante la tormenta
y perdiéndolos.
Yo nada digo, nada hablo,
más que con el eco
que al caer tienen
esos espectros insomnes
que son los relámpagos
en nuestra vida silenciosa,
sin días calmos pero también sin días.
Bastaría con hundirme un poco
en los pantanos de lo estéril,
de lo insulso, de lo asnal
de un viento de marzo
y ver
tu boca que nada teme
de mi boca y mi silencio
y esperarte un poco más,
y esperarte.