Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
LLORO POR MI MADRE MUERTA
Hubo un momento en que la muerte vino:
“Martita estás cansada, yo por ti he venido”
Y estampó sobre su frente el beso lapidario.
Fue entonces que su cuerpo se quedó dormido.
La tierra abierta recogió sus restos mustios,
cobijándole con dulzura de madre dolorida.
Las estrellas en el cielo, las flores y la lluvia,
narrarán historias de su andar por esta vida.
La suave tierra la ha acogido con ternura
los susurros del viento lloraron al pasar,
el calor de su mirada estará entre las nubes,
en constelaciones lejanas su risa ha de sonar
¿Son sublimes los caminos que ahora recorre,
y orillados de bellas flores abiertas y floridas?
¿Ángeles hermosos proclamaron su llegada?
¿Le esperaba el buen Dios a manos extendidas?
Nos dejó como recuerdo su mirada triste
Se ha ido de esta vida y nada se ha llevado
Pues Dios ya había dicho que sería suyo
tan solo todo aquello que a otros había dado.
Nunca más habrá rosas florecidas
que sus bellos ojos puedan admirar.
Los caminos seguirán su rumbo largo
sin tener su huella leve que pintar.
Tendido en la almohada donde siempre duermo
lágrimas amargas generará mi doloroso llanto.
Todo henchido por la pena y ahíto de tristeza
recitaré su nombre, pues su nombre es santo.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial 25 03 25
Hubo un momento en que la muerte vino:
“Martita estás cansada, yo por ti he venido”
Y estampó sobre su frente el beso lapidario.
Fue entonces que su cuerpo se quedó dormido.
La tierra abierta recogió sus restos mustios,
cobijándole con dulzura de madre dolorida.
Las estrellas en el cielo, las flores y la lluvia,
narrarán historias de su andar por esta vida.
La suave tierra la ha acogido con ternura
los susurros del viento lloraron al pasar,
el calor de su mirada estará entre las nubes,
en constelaciones lejanas su risa ha de sonar
¿Son sublimes los caminos que ahora recorre,
y orillados de bellas flores abiertas y floridas?
¿Ángeles hermosos proclamaron su llegada?
¿Le esperaba el buen Dios a manos extendidas?
Nos dejó como recuerdo su mirada triste
Se ha ido de esta vida y nada se ha llevado
Pues Dios ya había dicho que sería suyo
tan solo todo aquello que a otros había dado.
Nunca más habrá rosas florecidas
que sus bellos ojos puedan admirar.
Los caminos seguirán su rumbo largo
sin tener su huella leve que pintar.
Tendido en la almohada donde siempre duermo
lágrimas amargas generará mi doloroso llanto.
Todo henchido por la pena y ahíto de tristeza
recitaré su nombre, pues su nombre es santo.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial 25 03 25