Seriocha Rosabal
Poeta recién llegado
"Litigio"
La espera se había convertido en algo interminable y en mi cabeza los demonios hacían cada vez más de la suyas. Parecía como si estuvieran coqueteando con el infierno mismo. En el ambiente exterior prevalecía un silencio inquietante. No sabía si pronunciar algo que rompiera el hielo o mejor quedar como cadáver. Quizás no era el momento propicio para una charla que, no se sabía si iba ser fructífera o más dañina en la situación imperante. Era como si se estuviera al lado de fiera alguna.
Al mismo tiempo un nudo me atragantaba... Deseaba salir corriendo y a la vez quería quedarme. Algo me decía que debía quedarme, tal vez en silencio... pero que permaneciera allí. Lo irónico es que pareciese un velorio y no algo que debía ser romántico por naturaleza. Algún agente demoníaco hizo presa a la armonía : los sentimientos encontrados y a la vez distantes... El amor más que ciego, buscaba a la locura, pero la apatía y la duda siempre le salían al paso. La euforia de aquellos días se había evaporado y la tristeza se multiplica por doquier, como el virus del siglo 21.
Y seguían no sé, los demonios o tal vez algún ángel diciéndome:" No hay mal que por bien no venga".
Miraba yo a la razón con esos ojos cambiantes... No sé si la agonía me hacía ver en sus manos un tridente y el corazón a la defensiva, justificaba lo que él quería.
Se había determinado un juicio sumario dónde cada uno de los sentimientos serían juzgados por la culpa ; culpables quizás del secuestro de la felicidad, donde la tristeza era testigo de por qué aquel amor que, siempre era como loco, se había adentrado en tierras de la amargura.
Nadie daba su brazo a torcer. Cada uno tenía la cuartada perfecta... Y volvía a otra vez la razón a interrumpir aquel caos, dónde el corazón alegando sus razones, se declaraba inocente.
La espera se había convertido en algo interminable y en mi cabeza los demonios hacían cada vez más de la suyas. Parecía como si estuvieran coqueteando con el infierno mismo. En el ambiente exterior prevalecía un silencio inquietante. No sabía si pronunciar algo que rompiera el hielo o mejor quedar como cadáver. Quizás no era el momento propicio para una charla que, no se sabía si iba ser fructífera o más dañina en la situación imperante. Era como si se estuviera al lado de fiera alguna.
Al mismo tiempo un nudo me atragantaba... Deseaba salir corriendo y a la vez quería quedarme. Algo me decía que debía quedarme, tal vez en silencio... pero que permaneciera allí. Lo irónico es que pareciese un velorio y no algo que debía ser romántico por naturaleza. Algún agente demoníaco hizo presa a la armonía : los sentimientos encontrados y a la vez distantes... El amor más que ciego, buscaba a la locura, pero la apatía y la duda siempre le salían al paso. La euforia de aquellos días se había evaporado y la tristeza se multiplica por doquier, como el virus del siglo 21.
Y seguían no sé, los demonios o tal vez algún ángel diciéndome:" No hay mal que por bien no venga".
Miraba yo a la razón con esos ojos cambiantes... No sé si la agonía me hacía ver en sus manos un tridente y el corazón a la defensiva, justificaba lo que él quería.
Se había determinado un juicio sumario dónde cada uno de los sentimientos serían juzgados por la culpa ; culpables quizás del secuestro de la felicidad, donde la tristeza era testigo de por qué aquel amor que, siempre era como loco, se había adentrado en tierras de la amargura.
Nadie daba su brazo a torcer. Cada uno tenía la cuartada perfecta... Y volvía a otra vez la razón a interrumpir aquel caos, dónde el corazón alegando sus razones, se declaraba inocente.