Naturu3
Poeta fiel al portal
Estaba muerta; si. Con una mano a cada lado, sus huesos contundentes, fuertes aún y las tristezas del ostracismo cotidiano perforándole la carne sin temor a encontrar amor, dulzuras y desagravios.
Estaba inmensa; sí. Con las cavidades de sus ojos azules de Caribe colado en cada lágrima derramada al partir.
Muerta, sí; con demasiados deudos que no se hacían cargo más que del propio duelo.
Nadie llevaba flores a su seco promontorio de lápida idénticas al resto; a la que enormes, nos esperan.
Cierta noche, cansada yo de presenciar tanta espera; y estando muertísima a su lado, le regalé mi lirio, difuso y blanco como la soledad acompañada.
Estaba inmensa; sí. Con las cavidades de sus ojos azules de Caribe colado en cada lágrima derramada al partir.
Muerta, sí; con demasiados deudos que no se hacían cargo más que del propio duelo.
Nadie llevaba flores a su seco promontorio de lápida idénticas al resto; a la que enormes, nos esperan.
Cierta noche, cansada yo de presenciar tanta espera; y estando muertísima a su lado, le regalé mi lirio, difuso y blanco como la soledad acompañada.
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