MalesArte
Poeta recién llegado
El oscuro fulgor de sus ojos contenía más de lo que el universo podía albergar en un simple grano de arena. Comprendía la felicidad, aunque no tuviera una idea de lo que significaba. Se recostaba junto a la maldad para apaciguarla y, con su amor, brindarle la calidez que su alma oscura necesitaba. Ella jugueteaba con la inocencia propia de la pureza, y su bondad infinita siempre alejaba los dolores. El día que se fue, se llevó el universo; solo un desierto de dolores quedó como refugio para esa alma oscura, que, entre rezos y sollozos, rogaba por ver una vez más el fulgor que emanaba de esa alma pura.