IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Obtuso lápiz del destino,
encenegado se encuentra mi cuerpo,
tragando ahogo a más no poder,
se viste la muerte de dios,
y los cuervos le obedecen,
siempre la luna le sonríe al sol,
aunque esta se muera entre un frío galáctico,
la gélida costumbre de las orbitas,
y aún se expande el universo,
convirtiendo a cada astro
en cadáver gravitatorio,
en penumbra de una inmensa soledad,
las luces se apagarán,
y en el espacio no quedará ni aire,
todo caerá, así como cae el tiempo,
y sin chocar contra el suelo, se detiene,
para nunca más
contar las muertes de las vidas,
las vidas de la muerte,
para nunca más morir en cada presente,
para dejar de ser tiempo,
y comenzar a ser eternidad.
encenegado se encuentra mi cuerpo,
tragando ahogo a más no poder,
se viste la muerte de dios,
y los cuervos le obedecen,
siempre la luna le sonríe al sol,
aunque esta se muera entre un frío galáctico,
la gélida costumbre de las orbitas,
y aún se expande el universo,
convirtiendo a cada astro
en cadáver gravitatorio,
en penumbra de una inmensa soledad,
las luces se apagarán,
y en el espacio no quedará ni aire,
todo caerá, así como cae el tiempo,
y sin chocar contra el suelo, se detiene,
para nunca más
contar las muertes de las vidas,
las vidas de la muerte,
para nunca más morir en cada presente,
para dejar de ser tiempo,
y comenzar a ser eternidad.