laureano
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol habanero brillaba sobre aquel enero del 59, un puñado de barbudos con fusiles vitoreados por un mar de gente, en el aire palomas bailando girando y haciendo dibujitos, el jefe de los barbudos hablaba y hablaba, haciendo oraciones, creando poesía con sus palabras, esas palabras enamoraron a tres de esas palomas que descendieron para protegerlo con sus alas, una le cuido la espalda, otra le sujeto uno de sus brazos con su piquito y la tercera le cubrió el pecho; pasaron casi 5 décadas de esa escena y creo que esas palomas lo han protegido siempre a ese hombre barbudo; lo han querido aniquilar por la espalda y no han podido, le han querido torcer el brazo y no han podido, lo han querido matar por el pecho y no han podido, quizá las palomas fueron su salvación, quizá lo hayan salvado de bandadas y bandadas de águilas.