Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Las palabras son el silbido del alma,
pujando, desgranándose, derramándose
en la húmeda o seca garganta.
Cuando ya no se les escucha,
es porque ha empezado a morir,
la frágil, la muy humana entraña.
Como el acero,
como los puntos infinitos de una raya,
nunca morirán,
permanecerán allí, como marca en el hierro,
en la piel, sonando como cascabel,
cuando de quien las pronunciaba o vociferaba,
de su presencia ya nadie sepa nada.
pujando, desgranándose, derramándose
en la húmeda o seca garganta.
Cuando ya no se les escucha,
es porque ha empezado a morir,
la frágil, la muy humana entraña.
Como el acero,
como los puntos infinitos de una raya,
nunca morirán,
permanecerán allí, como marca en el hierro,
en la piel, sonando como cascabel,
cuando de quien las pronunciaba o vociferaba,
de su presencia ya nadie sepa nada.