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Las Musas Malditas

Alina

Poeta recién llegado
Condenada por un amante ingrato
A ahogarse en el bálsamo del olvido,
La musa moribunda calienta sus pies
Con la frágil luz de su último atardecer.

La negra fragancia que exhala su cuerpo
Se pierde en narices ausentes y amargos
Recuerdos de deseos mutilados,
Besos fríos y caricias muertas.

Los vientos tristes de la resignación
Navegan entre lágrimas que se aferran,
Como sangre a la obscuridad de las venas,
A sus párpados débilmente abrazados.

Su piel trazada en por caminos azules,
Su garganta se cierra tras un suspiro,
Y su boca dibuja el eterno adiós:

"Ma vie s'éteint pour ne plus éclipser la tienne!".
La inocente brisa juega con sus ropas,
Sin notar que la musa ya ha partido.


Las desoladas hijas de Mnemosine
Envuelven de llanto a su difunta hermana.
Lanzan sobre su cuerpo ocho rosas rojas,
Y una rosa negra.

Sacrificada al clarobscuro,
Su sangre se fundirá en desesperanza,
Estribillo melancólico en la mente,
De aquellas hermanas caídas que con lágrimas

Construyeron un ataúd de cristal,
Donde aquella triste madona gélida
Las pudiera esperar. Y así, juntas,
Montar una vez más a Pasión y Deseo.

Más su paciente vigilia se prolonga,
Y sus monturas pierden el vuelo.
El olvido y la muerte tardan en venir,
Ahuyentadas por un memento.

Condenadas, prisioneras del luto,
Intentarán huir del sofocante ayer,
Pero las ruinas de un pasado feliz
Pesarán sobre sus memorias nostálgicas.

Sus cantos ya no romperán el silencio:
El tajante e infinito vacío,
Sin ninguna piedad, envenenará
A las inconsolables Musas Malditas.

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