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Las luces navideñas

A819

Poeta recién llegado
Vivimos en una casa demasiado pequeña para tantos recuerdos, demasiado cara para tanto dolor, demasiado húmeda y con muchos fantasmas…. Hace unos años mi padre, agobiado por la humedad y un amor adolescente, se escapó, rompiendo todas las copas finas de la cristalería importada de la abuela y por un tiempo no supimos de él.
Recuerdo esa primera Navidad sin él, fue muy lúgubre, sin Pan Dulce ni estrella de Belén, solo un llanto quieto que se sentía desde la habitación contigua… no es que fuese tan distinto sin el viejo, él siempre fue su propio camino y jefe. Nos intimidaba con aquello de “Mi sacrificio es para que ustedes tengan lo que yo no tuve” no sé si es una ley divina pero es bastante paradójico: él tuvo siempre a su padre, aunque vivía en una casa de barro y a nosotros nos falto nuestro padre aunque vivíamos en la casa de sus sueños.
Pero las cosas van cambiando y en los años siguientes aparecieron algunos turrones y un árbol que aunque un poco triste, adornaba una esquina olvidada de la casa.
Ayer, cuando fui a la cama, el árbol había quedado encendido. Las luces parpadeantes y el olor a jazmines envolvían la habitación como en un cuento de Elfos.
Me revolví una, dos, tres veces en la cama y las luces parpadeantes comenzaron a invadir más y más la habitación, una de ellas parecía moverse más aprisa que el resto, de un salto la atrape en mi mano, no era un a luz cualquiera, era una mancha de fuego que comenzó a quemar todo a mi alrededor y entre las llamas la figura de mi viejo aparecía, joven y arrogante. Sus palabras me suenan ahora como tambores de tormenta “Nada queda ya, nada queda… mas que olvidar y perdonar” .

salu2
 
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