A veces sucede el día y apenas recuerdas su huella.
Bajaron los trinos, el arbusto dio flor, los astros
brillaron, una luz vieja se acomodó en ti, un lunes
con forma de ángel fue tu cuerpo. Y, sin embargo,
al mencionar el día, no nombras el faro de la noche, solo
las sombras del día. Hay huellas que nunca volverás a pisar
porque están en ti como una cicatriz que desdeña el olvido.
Bajaron los trinos, el arbusto dio flor, los astros
brillaron, una luz vieja se acomodó en ti, un lunes
con forma de ángel fue tu cuerpo. Y, sin embargo,
al mencionar el día, no nombras el faro de la noche, solo
las sombras del día. Hay huellas que nunca volverás a pisar
porque están en ti como una cicatriz que desdeña el olvido.
Última edición: