isaac newton
Exp..
El orden de mis libros...
La cama junto a la pared,
todo; sin embargo, pronto
el cambio hará aparecer el membrillo
bajo todas las rocas de la casa,
solo es pared.
Muevo las paredes de océano
a océano, sale el piso de mis yemas...
loco... el vacío come entre los cajones,
parezco hijo o padre, da igual.
Las cabezas de ganado...
mueren junto al televisor,
es una roca lo sé, ventanas
o amor, el único sonido
son las breves notas musicales,
entre oídos luctuosos; muere el veneno,
mueren las ropas... el sonido es pulso
los colores también, van a acecharme,
trajes de diversos colores.
Se piden versos para morir,
una tenue capa de lumbre en los ojos,
miro con sueños entre los párpados,
voy muriendo desde un niño y antes
la lluvia se medía por litros,
había hojas cerca de los valles,
los valles eran de fuego...
no hay ¿por qué? dentro
de unos nuevos labios,
parecen vivos esos amaneceres.
Mas la copa es de vino,
los animales pueden hablar,
son cortesanos, invitan a los himnos
y los himnos son de él,
del cretáceo, mudos son
todos los animales y la selva es un rincón.
Sin embargo, los ojos prenden
entre las sonrisas ese tinte o pastel,
para el pastel sería otra pista,
música y música.
La cama junto a la pared,
todo; sin embargo, pronto
el cambio hará aparecer el membrillo
bajo todas las rocas de la casa,
solo es pared.
Muevo las paredes de océano
a océano, sale el piso de mis yemas...
loco... el vacío come entre los cajones,
parezco hijo o padre, da igual.
Las cabezas de ganado...
mueren junto al televisor,
es una roca lo sé, ventanas
o amor, el único sonido
son las breves notas musicales,
entre oídos luctuosos; muere el veneno,
mueren las ropas... el sonido es pulso
los colores también, van a acecharme,
trajes de diversos colores.
Se piden versos para morir,
una tenue capa de lumbre en los ojos,
miro con sueños entre los párpados,
voy muriendo desde un niño y antes
la lluvia se medía por litros,
había hojas cerca de los valles,
los valles eran de fuego...
no hay ¿por qué? dentro
de unos nuevos labios,
parecen vivos esos amaneceres.
Mas la copa es de vino,
los animales pueden hablar,
son cortesanos, invitan a los himnos
y los himnos son de él,
del cretáceo, mudos son
todos los animales y la selva es un rincón.
Sin embargo, los ojos prenden
entre las sonrisas ese tinte o pastel,
para el pastel sería otra pista,
música y música.
Última edición por un moderador: