Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LANZO UN PAJARO...
Lanzo un pájaro a los abismos del mediodía.
Perduro en soplos batiendo vientos.
Aroma de tierra en ciernes de democracias.
Artificios de un lenguaje que ha de inclinarse
por el lado sabio de la idea vuelta ascuas.
Moribunda escisión en los ladrillos
de una carne que ya apesta por sus puntas.
El sueño conduce a caminos que absorben
ventanales de gloria, de auxilio,
de extramaunciones votivas.
Otro pájaro atisba también
el sereno resplandeciente de esta tarde bizca.
Cálculos mediáticos que nunca son, ni tienen razón
evacuan la costa de un escenario sin plumajes
pues son guarismos de la ausencia,
ese grito líquido del que no sale más que paños corroídos
y gritos con que ayunan los mendigos.
Duermo.
Olvido el yo que pesaroso no me pesa, me aísla.
Espanto sueños en la siesta,
un fantasma de ayer rasga mi memoria
despercudiendo todo mi recuerdo
donde estoy lanzando pedradas a las aves,
a cometas festivas que alardean su vuelo
sin papeles coloridos, ni brisa vespertina.
De la espera me queda un largo aroma
de sombras chinescas agujereando mi vigilia.
Lanzo un pájaro a los abismos del mediodía.
Perduro en soplos batiendo vientos.
Aroma de tierra en ciernes de democracias.
Artificios de un lenguaje que ha de inclinarse
por el lado sabio de la idea vuelta ascuas.
Moribunda escisión en los ladrillos
de una carne que ya apesta por sus puntas.
El sueño conduce a caminos que absorben
ventanales de gloria, de auxilio,
de extramaunciones votivas.
Otro pájaro atisba también
el sereno resplandeciente de esta tarde bizca.
Cálculos mediáticos que nunca son, ni tienen razón
evacuan la costa de un escenario sin plumajes
pues son guarismos de la ausencia,
ese grito líquido del que no sale más que paños corroídos
y gritos con que ayunan los mendigos.
Duermo.
Olvido el yo que pesaroso no me pesa, me aísla.
Espanto sueños en la siesta,
un fantasma de ayer rasga mi memoria
despercudiendo todo mi recuerdo
donde estoy lanzando pedradas a las aves,
a cometas festivas que alardean su vuelo
sin papeles coloridos, ni brisa vespertina.
De la espera me queda un largo aroma
de sombras chinescas agujereando mi vigilia.
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