pontus
Poeta recién llegado
Lagrimas de una gitana
Saliendo de Compostela, y enfrascando con gran fe su seguridad en esas armas artesanales, provenientes de un pueblo que adquirió su nombre gracias al cristianismo, siendo señalados por unas miradas que se aferran a su caminar, deciden pasar por alto la injuria que los indiciaba al dolo de otra desgracia humana.
-Quiero escucharte para sentir la victoria- pensaban los asistentes que por fin habían roto el paradigma rutinario. Mientras ella que escondida en su pequeña multitud, le importaba cero el mundo real.
En su cabeza solo caminaba la idea de poder encontrar la solución, para que sus ojos no demostrasen que su pérdida no era la que ellos creían.
Sintiendo una pequeña tranquilidad que desaparecería cuando ya no estuviese en el punto de su señalamiento, pues es en ese lugar donde nuevamente llegarían las ideas y los recuerdos, los cuales le hacían mortificar su propia existencia.
Ya la gente quedo atrás, ya el mundo quedo atrás, ya no hay presente ni futuro, ya no existe nada que le interese, solo hacer creer que esa molestia en sus mejillas, no es más que el dolor que siente por haber salido de una tierra a la cual nunca quiso llegar.
Con una máscara que talla sus gestos, y un movimiento automático con el cual baila su cuerpo, se dispone a ganarse el pan de aquel día pero, mientras cae la noche el horizonte le recuerda que en algún punto el cual quizás ya recorrió (o tal vez no), muy seguramente todavía existe el lugar al cual verdaderamente pertenece.
Mientras tanto llorara en su soledad, sonreirá en el acompañamiento de la gente de los sitos a los cuales llega, en ocasiones por su peregrinaje, y en otros nuevamente por la expulsión de comportamientos diferentes.
Canta y baila con tus rasgos hindúes extraña mujer, que es de esa forma como enamoras a centenares de hombres, que te recuerdan al pasar cada día por el lugar donde se difundía tu acto.
Canta y baila, pues de esa forma es más fácil amortiguar el dolor que crece cuando disfrutas las fiestas de un pueblo que no sabes si es el tuyo, sigue haciendo lo que mejor sabes hacer, que con la evolución de tu búsqueda, algún día se secaran las lagrimas que derramas por encontrar tu procedencia.
Saliendo de Compostela, y enfrascando con gran fe su seguridad en esas armas artesanales, provenientes de un pueblo que adquirió su nombre gracias al cristianismo, siendo señalados por unas miradas que se aferran a su caminar, deciden pasar por alto la injuria que los indiciaba al dolo de otra desgracia humana.
-Quiero escucharte para sentir la victoria- pensaban los asistentes que por fin habían roto el paradigma rutinario. Mientras ella que escondida en su pequeña multitud, le importaba cero el mundo real.
En su cabeza solo caminaba la idea de poder encontrar la solución, para que sus ojos no demostrasen que su pérdida no era la que ellos creían.
Sintiendo una pequeña tranquilidad que desaparecería cuando ya no estuviese en el punto de su señalamiento, pues es en ese lugar donde nuevamente llegarían las ideas y los recuerdos, los cuales le hacían mortificar su propia existencia.
Ya la gente quedo atrás, ya el mundo quedo atrás, ya no hay presente ni futuro, ya no existe nada que le interese, solo hacer creer que esa molestia en sus mejillas, no es más que el dolor que siente por haber salido de una tierra a la cual nunca quiso llegar.
Con una máscara que talla sus gestos, y un movimiento automático con el cual baila su cuerpo, se dispone a ganarse el pan de aquel día pero, mientras cae la noche el horizonte le recuerda que en algún punto el cual quizás ya recorrió (o tal vez no), muy seguramente todavía existe el lugar al cual verdaderamente pertenece.
Mientras tanto llorara en su soledad, sonreirá en el acompañamiento de la gente de los sitos a los cuales llega, en ocasiones por su peregrinaje, y en otros nuevamente por la expulsión de comportamientos diferentes.
Canta y baila con tus rasgos hindúes extraña mujer, que es de esa forma como enamoras a centenares de hombres, que te recuerdan al pasar cada día por el lugar donde se difundía tu acto.
Canta y baila, pues de esa forma es más fácil amortiguar el dolor que crece cuando disfrutas las fiestas de un pueblo que no sabes si es el tuyo, sigue haciendo lo que mejor sabes hacer, que con la evolución de tu búsqueda, algún día se secaran las lagrimas que derramas por encontrar tu procedencia.