guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
La noche caía sobre la ciudad,
mientras la neblina, ese vil ser inmaterial,
procedía a devorar impávidamente
las campanas de una iglesia que chillaban
ante la tortura invernal del clima.
El sacerdote dejó que la humedad lo mordiera,
que los hilos de su sotana se hinchen,
y consintió, por un momento, que la llovizna se confundiera
con las lágrimas que siempre ocultó.
-Es llorar un ritual de sal- dijo el clérigo.
Luego se dejó caer, manso, como si el suelo de piedra
fueran los suaves brazos de un amor que sólo el pasado conoció.
mientras la neblina, ese vil ser inmaterial,
procedía a devorar impávidamente
las campanas de una iglesia que chillaban
ante la tortura invernal del clima.
El sacerdote dejó que la humedad lo mordiera,
que los hilos de su sotana se hinchen,
y consintió, por un momento, que la llovizna se confundiera
con las lágrimas que siempre ocultó.
-Es llorar un ritual de sal- dijo el clérigo.
Luego se dejó caer, manso, como si el suelo de piedra
fueran los suaves brazos de un amor que sólo el pasado conoció.
Última edición: