Martín Renán
Poeta adicto al portal
De pretéritas imágenes
hombre maldito;
puesto que dejó bajo sospecha
el milagro impar,
evangelio
en la sombra.
Como yo,
mi deuda, demasiado el crimen que cometo;
miro el espejo del mundo
roto
toda creencia en el ser,
el cielo
ingrávido.
Malvado,
con la esperanza casi moribunda,
vio nacer prófugo
al poeta.
A la luz y por instinto
carnívoro,
estado físico colosal, huérfano,
a cuatro esquinas.
¿Qué delito deshonra?
Icónica sagrada confesión.
Desde mañana
otra celda
—atisba—
púlpito de insomnios.
La culpa en la sangre,
este credo,
otra vida
por decirlo una vez
más.
Desafío,
quemo hipocondríaco
el alma,
donde llueve un edén:
maldición de barro
primogénito.
La cárcel, de nostalgia
musitó
luciérnagas a medianoche
Amnésico.
En este oficio, el poeta carga su cruz
de regreso.
hombre maldito;
puesto que dejó bajo sospecha
el milagro impar,
evangelio
en la sombra.
Como yo,
mi deuda, demasiado el crimen que cometo;
miro el espejo del mundo
roto
toda creencia en el ser,
el cielo
ingrávido.
Malvado,
con la esperanza casi moribunda,
vio nacer prófugo
al poeta.
A la luz y por instinto
carnívoro,
estado físico colosal, huérfano,
a cuatro esquinas.
¿Qué delito deshonra?
Icónica sagrada confesión.
Desde mañana
otra celda
—atisba—
púlpito de insomnios.
La culpa en la sangre,
este credo,
otra vida
por decirlo una vez
más.
Desafío,
quemo hipocondríaco
el alma,
donde llueve un edén:
maldición de barro
primogénito.
La cárcel, de nostalgia
musitó
luciérnagas a medianoche
Amnésico.
En este oficio, el poeta carga su cruz
de regreso.