GonzaloMaire
Poeta recién llegado
Como si ya de débil de pecarme,
fríamente en el fondo, una cruz de viudo y caries conservo, temblando, junto con la leche endurecida del olvido,
y así, como cayéndoseme la dentadura,
y así, como el atardecer que me parecía, una vaga criatura de rodillas.
A pedazos escucho una voz de pan, comido adentro del aire, una voz con ternuras y rebaños,
de largos tajos que cruzan el cielo
adonde la noche se amontona su estómago, y defeca la uniforme arrogancia
en esas campanadas de tumba,
en esas estrellas preñadas por peticiones sucias.
La luz me miente en las cosas,
desencadena maternidades desahuciadas, hace impenetrable a la luna,
deja crecer pesados canastos con niños,
y orgasmos de mojadas piernas, que me miran con sus gargantas, zurcidas por el frío.
fríamente en el fondo, una cruz de viudo y caries conservo, temblando, junto con la leche endurecida del olvido,
y así, como cayéndoseme la dentadura,
y así, como el atardecer que me parecía, una vaga criatura de rodillas.
A pedazos escucho una voz de pan, comido adentro del aire, una voz con ternuras y rebaños,
de largos tajos que cruzan el cielo
adonde la noche se amontona su estómago, y defeca la uniforme arrogancia
en esas campanadas de tumba,
en esas estrellas preñadas por peticiones sucias.
La luz me miente en las cosas,
desencadena maternidades desahuciadas, hace impenetrable a la luna,
deja crecer pesados canastos con niños,
y orgasmos de mojadas piernas, que me miran con sus gargantas, zurcidas por el frío.