AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
La Virgen llora.
Como una sinfonía inconclusa,
camino de frente, masticando
la rosa de un verano gnóstico y
sangriento, que espera el próximo
sacrificio de un Justo, que no desea
ser más crucificado, ni acribillado,
por errores judiciales e ideológicos.
Soy el último clavel, ensangrentado
como el sermón de un periodista
sin cultura ni educación, en una
tierra ermitaña y sin nombre;
un reloj, un tren y un violín sereno,
el La Mayor de una obertura, que nadie
escucha, mientras el pope vende el
piano para comprar frijoles, pues
ya no hay vino en la despensa y él
ha rebajado de peso por abandono
de sus feligreses, la Virgen llora
y las flores se relegan al bosque
quemado y olvidado por las mariposas
del estío. Soy por último, el pentagrama,
que jamás se ejecutará en el teatro de
los pobres, porque más importante es
alimentar el olvido y la desilusión.
Augus 07 febrero 2015.
Como una sinfonía inconclusa,
camino de frente, masticando
la rosa de un verano gnóstico y
sangriento, que espera el próximo
sacrificio de un Justo, que no desea
ser más crucificado, ni acribillado,
por errores judiciales e ideológicos.
Soy el último clavel, ensangrentado
como el sermón de un periodista
sin cultura ni educación, en una
tierra ermitaña y sin nombre;
un reloj, un tren y un violín sereno,
el La Mayor de una obertura, que nadie
escucha, mientras el pope vende el
piano para comprar frijoles, pues
ya no hay vino en la despensa y él
ha rebajado de peso por abandono
de sus feligreses, la Virgen llora
y las flores se relegan al bosque
quemado y olvidado por las mariposas
del estío. Soy por último, el pentagrama,
que jamás se ejecutará en el teatro de
los pobres, porque más importante es
alimentar el olvido y la desilusión.
Augus 07 febrero 2015.