Hay un mundo en mi interior que es eterno. Como detenida en el tiempo cada vivencia tiene su espacio,
un espacio que visito cada día, en cualquier segundo en que mi mente deja de ser yo para convertirse en retorno. Tendido en la cama, soportando el calor del verano, las imágenes vuelven y me salvan: un niño enfermo ve entre sábanas como crece la luz, en agosto solo soy calle y juegos, la escuela me da temor, la adolescencia exige un tributo a la pasión, la amistad una confidencia entre copas. Recuerdo el primer amor, los viajes, las dudas, la muerte con su familiar cercanía. Visito una y otra vez las ciudades donde fui feliz, las personas que dejaron imborrable huella de su paso, las decepciones que marcaron mi piel con las cicatrices del desencanto. Soy menos presente que ayer. ¿Cómo podría sobrevivir sino cuando ya la edad igual que una sombra omnívora me tapa la vida, oscurece mi luz?
un espacio que visito cada día, en cualquier segundo en que mi mente deja de ser yo para convertirse en retorno. Tendido en la cama, soportando el calor del verano, las imágenes vuelven y me salvan: un niño enfermo ve entre sábanas como crece la luz, en agosto solo soy calle y juegos, la escuela me da temor, la adolescencia exige un tributo a la pasión, la amistad una confidencia entre copas. Recuerdo el primer amor, los viajes, las dudas, la muerte con su familiar cercanía. Visito una y otra vez las ciudades donde fui feliz, las personas que dejaron imborrable huella de su paso, las decepciones que marcaron mi piel con las cicatrices del desencanto. Soy menos presente que ayer. ¿Cómo podría sobrevivir sino cuando ya la edad igual que una sombra omnívora me tapa la vida, oscurece mi luz?
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