Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La vida adyacente
Cuentan las crónicas de san cirulo
-las cuales eran crónicas tontas-,
que hubo un tiempo sin mundo
donde los hombres sin miedo
poblaban destinos e improntas,
de pozos tenidos por ciegos,
de pasos y vientos que importan
los halos de ojos profundos,
los vahos vapor de las bocas,
los culos de antípodas nulos.
Y también contaban las viejas y viejos,
cuentos de brujas, y brujos pellejos,
sermones que curan y curas espejos,
que hacían un mar de las suyas,
en otros mares que zumban
por aguas de puros cangrejos.
Somos el reflejo de un rostro cualquiera
en un espejo invisible;
cuando el espejo se hace presencia,
morimos, porque descubrimos la muerte,
volviendo a estados perpetuos,
presión infinita de vida adyacente.
Cuentan las crónicas de san cirulo
-las cuales eran crónicas tontas-,
que hubo un tiempo sin mundo
donde los hombres sin miedo
poblaban destinos e improntas,
de pozos tenidos por ciegos,
de pasos y vientos que importan
los halos de ojos profundos,
los vahos vapor de las bocas,
los culos de antípodas nulos.
Y también contaban las viejas y viejos,
cuentos de brujas, y brujos pellejos,
sermones que curan y curas espejos,
que hacían un mar de las suyas,
en otros mares que zumban
por aguas de puros cangrejos.
Somos el reflejo de un rostro cualquiera
en un espejo invisible;
cuando el espejo se hace presencia,
morimos, porque descubrimos la muerte,
volviendo a estados perpetuos,
presión infinita de vida adyacente.