Mejía Fermán
Poeta recién llegado
¡Cuál será la verdadera caridad!,
¿Dónde podré encontrarla?,
Aunque fuera debajo del mar, no la encontraría,
Si el más sabio me dijera ésta es, no creería.
Ni aunque mi intelecto tuviera la mejor idea no sería caridad,
Si un rey viniera y me asegurara, ésta es caridad, no creería,
Sería un inicuo al querer definir la caridad si no la vivo,
Es como querer tapar el sol con un dedo.
Por eso digo al Señor: ¡ven Buen Pastor!,
Soy una oveja descarriada, dañada por la vida,
Enséñame como buscarte y como desearte,
Entre cardos y espinos que no me dejan verte.
Has perdonado la culpa de tu siervo,
¿Qué más caridad que esa?, ninguna,
Tú eres el sumo Bien, yo soy la nada,
Soy sólo el barro débil que se pone en tus manos.
Tú eres el Sumo Bien que he buscado siempre,
Has hecho en mi una gran caridad,
Has amado al más grande pecador,
Y tratándolo con mucha ternura y amistad.
¡Oh! Cuanta ternura, cuanta misericordia,
Cuanta dulzura hay en tus brazos,
Que me toman para estrecharme,
Para recibir de nuevo al hijo rebelde.
Mándeme desde tu santo cielo la gracia que necesito,
Quiero ser un buen pastor como tú lo eres,
Ser puente de las gracias divinas,
Especialmente la caridad, que es parte de tu Ser.
Déjame ser la escoba con la que barras el polvo del mundo,
Ser el reciclador de las debilidades humanas,
Dame la caridad perfecta, la esperanza cierta, y el conocimiento,
Para conocer lo que amo y amar lo que conozco.
Ser el faro en las tempestades de las personas,
Ser el doctor de las almas enfermas,
El amigo de los débiles, el protector de los indefensos,
Y ser misericordioso con los inconversos.
¿Dónde podré encontrarla?,
Aunque fuera debajo del mar, no la encontraría,
Si el más sabio me dijera ésta es, no creería.
Ni aunque mi intelecto tuviera la mejor idea no sería caridad,
Si un rey viniera y me asegurara, ésta es caridad, no creería,
Sería un inicuo al querer definir la caridad si no la vivo,
Es como querer tapar el sol con un dedo.
Por eso digo al Señor: ¡ven Buen Pastor!,
Soy una oveja descarriada, dañada por la vida,
Enséñame como buscarte y como desearte,
Entre cardos y espinos que no me dejan verte.
Has perdonado la culpa de tu siervo,
¿Qué más caridad que esa?, ninguna,
Tú eres el sumo Bien, yo soy la nada,
Soy sólo el barro débil que se pone en tus manos.
Tú eres el Sumo Bien que he buscado siempre,
Has hecho en mi una gran caridad,
Has amado al más grande pecador,
Y tratándolo con mucha ternura y amistad.
¡Oh! Cuanta ternura, cuanta misericordia,
Cuanta dulzura hay en tus brazos,
Que me toman para estrecharme,
Para recibir de nuevo al hijo rebelde.
Mándeme desde tu santo cielo la gracia que necesito,
Quiero ser un buen pastor como tú lo eres,
Ser puente de las gracias divinas,
Especialmente la caridad, que es parte de tu Ser.
Déjame ser la escoba con la que barras el polvo del mundo,
Ser el reciclador de las debilidades humanas,
Dame la caridad perfecta, la esperanza cierta, y el conocimiento,
Para conocer lo que amo y amar lo que conozco.
Ser el faro en las tempestades de las personas,
Ser el doctor de las almas enfermas,
El amigo de los débiles, el protector de los indefensos,
Y ser misericordioso con los inconversos.