cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA ÚNICA FOTO DE DIOS
Por: Cristóbal monzón lemus
Segunda parte y final.
En consecuencia preguntó al científico, cuantos años eran necesarios para ese experimento. Cinco años fue la respuesta. Se hicieron los preparativos, con los insumos correspondientes, y el fotógrafo, perfectamente empacado, quedó en la nevera congelado.
Efectivamente su espíritu subió al cielo, pero como aquí en la tierra, altos jefes de gobierno, cuentan con sus ayudantes de cierta jerarquía, pero aún, con los requisitos previos y cansados, a veces no es posible, que alguien de no elevada alcurnia hable con ellos. Posiblemente lleven un historial de las personalidades aptas a entrevistarse con Dios. El tiempo es más veloz en el espacio que en la tierra, el cuerpo estaba preparado para cinco años. Hera inmensa la fila de los que deseaban hablar con Dios, y el fotógrafo ni siquiera empezaba a llenar su solicitud. En el cielo es todo paz, tranquilidad, quietud y confianza, nadie puede pensar en una largueza, para llegar antes de los que no saben cómo, pero la necesidad puede más que la costumbre, nadie sabe como el fotógrafo pudo llegar a cientos de turnos, antes del que, le correspondía. Tampoco fue fácil, habían más de cien puertas, en cada una, un encargado de chequear los papeles de ingreso, y en cada tanda habrían veinte más esperando.
El fotógrafo estaba consciente que ya el tiempo se le estaba agotando, y como en aquel plano no existe ni el día ni la noche, no sabía cuántos días, cuántos meses, cuántos años habrían pasado. Era evidente su nerviosismo, el cual no pasaba desapercibido a los guardianes de cada puerta, que inclusive no necesitaba censores u otros artilugios que detectaran anomalías en los visitantes. Por fin llegó a la última puerta, enseguida un pasillo muy largo, bien iluminado, que a lo mejor por las ansias de llegar pronto, querría llegar volando, pero estaba siempre custodiado. Cuando de pronto fueron a su encuentro dos seres con alas, conduciéndolo al Estrado, fuertemente iluminado, entre fragancias de exquisitos perfumes. Majestuosamente a la distancia, observó no muy claramente, entre blancos cojines sentado, en medio de un esplendor magnifico, no muy visible todavía por el reflejo de esa luz, detrás de quien tanto deseaba ver, con sus propios sentidos visuales; pero todo se empezó a disolver como hielo en el agua. Al despertar lo primero que vio fue una figura humana, sentir un congelado frío en todo su cuerpo, hasta el dolor. No supo cuanto tiempo pasó, se calmó y su normal temperatura volvió a su cuerpo, rodeado del científico y enfermeras.Nadie supo como los medios de información se enteraron de aquel magno suceso, primero en la historia de ese gran experimento. Era multitud de fotógrafos, camarógrafos, reporteros de radio noticias. Se hizo doblemente famoso, pero nadie supo de aquella doble intención. Cuando el científico lo vio de nuevo en una siguiente visita, le preguntó si lo intentaría de nuevo, el fotógrafo le respondió: no sólo vengo por mi cámara, que en mis carreras por subir al cielo se me olvidó.
cristóbal monzón lemus
respiro luego escribo
Por: Cristóbal monzón lemus
Segunda parte y final.
En consecuencia preguntó al científico, cuantos años eran necesarios para ese experimento. Cinco años fue la respuesta. Se hicieron los preparativos, con los insumos correspondientes, y el fotógrafo, perfectamente empacado, quedó en la nevera congelado.
Efectivamente su espíritu subió al cielo, pero como aquí en la tierra, altos jefes de gobierno, cuentan con sus ayudantes de cierta jerarquía, pero aún, con los requisitos previos y cansados, a veces no es posible, que alguien de no elevada alcurnia hable con ellos. Posiblemente lleven un historial de las personalidades aptas a entrevistarse con Dios. El tiempo es más veloz en el espacio que en la tierra, el cuerpo estaba preparado para cinco años. Hera inmensa la fila de los que deseaban hablar con Dios, y el fotógrafo ni siquiera empezaba a llenar su solicitud. En el cielo es todo paz, tranquilidad, quietud y confianza, nadie puede pensar en una largueza, para llegar antes de los que no saben cómo, pero la necesidad puede más que la costumbre, nadie sabe como el fotógrafo pudo llegar a cientos de turnos, antes del que, le correspondía. Tampoco fue fácil, habían más de cien puertas, en cada una, un encargado de chequear los papeles de ingreso, y en cada tanda habrían veinte más esperando.
El fotógrafo estaba consciente que ya el tiempo se le estaba agotando, y como en aquel plano no existe ni el día ni la noche, no sabía cuántos días, cuántos meses, cuántos años habrían pasado. Era evidente su nerviosismo, el cual no pasaba desapercibido a los guardianes de cada puerta, que inclusive no necesitaba censores u otros artilugios que detectaran anomalías en los visitantes. Por fin llegó a la última puerta, enseguida un pasillo muy largo, bien iluminado, que a lo mejor por las ansias de llegar pronto, querría llegar volando, pero estaba siempre custodiado. Cuando de pronto fueron a su encuentro dos seres con alas, conduciéndolo al Estrado, fuertemente iluminado, entre fragancias de exquisitos perfumes. Majestuosamente a la distancia, observó no muy claramente, entre blancos cojines sentado, en medio de un esplendor magnifico, no muy visible todavía por el reflejo de esa luz, detrás de quien tanto deseaba ver, con sus propios sentidos visuales; pero todo se empezó a disolver como hielo en el agua. Al despertar lo primero que vio fue una figura humana, sentir un congelado frío en todo su cuerpo, hasta el dolor. No supo cuanto tiempo pasó, se calmó y su normal temperatura volvió a su cuerpo, rodeado del científico y enfermeras.Nadie supo como los medios de información se enteraron de aquel magno suceso, primero en la historia de ese gran experimento. Era multitud de fotógrafos, camarógrafos, reporteros de radio noticias. Se hizo doblemente famoso, pero nadie supo de aquella doble intención. Cuando el científico lo vio de nuevo en una siguiente visita, le preguntó si lo intentaría de nuevo, el fotógrafo le respondió: no sólo vengo por mi cámara, que en mis carreras por subir al cielo se me olvidó.
cristóbal monzón lemus
respiro luego escribo