Xavier Taboada
Poeta asiduo al portal
¿Sabes Princesa?, Sabes bien que no puedo amarte ni estar a tu lado ¿Sabes?
¿Sabes que tu canto es tortura en mis mañanas y la falta de tus manos es ausencia por las noches? ¿Sabes? ¿Sabes cuánto me duelen ya los ojos de tanto llorar por no estar a tu lado? ¿Sabes?
Y tú te yergues altiva por entre mis sueños, y tú desconoces de mi sufrimiento, y tú permaneces inmóvil, tan tranquila, tan carente de movimiento, como paralizada, como una persona impedida de sentimiento, como si no me oyeras, fría, impávida, casi muerta.
¿Cuánto? Ay, por favor, dime cuanto sabes tú del gélido invierno al que me desterraste, ¿Es qué acaso comprendes del desierto de tus mudas palabras? ¿Tanta crueldad es posible aún sabiendo cuanto te quiero?, volteas la cara y escapes de mí, te esfumas rápido, como bruma de madrugada cuando el sol se deja ver. Tú que sabes como amo, tú que entiendes de mi cursi corazón, tú que has escuchado de tan cerca mis sentimientos, tú que dibujaste tanto romanticismo en mi rincón, como ahora puedes partir tan libre de culpa, como puedes caminar tan fácil al olvido.
¿Por qué callas cuando mientes? ¿Por qué eres dulce cuando con otro te marchas? ¿Por qué le muestras tanto cariño?, ante él si demuestras tu ilusión. Y claro yo al otro lado, desde el reverso del espejo puedo ver, como inhábil espectador, como un inválido de reclamos, de gritos al señor de alas cortadas, de informarle que eres mía. Mía, si, aunque te enoje. Aunque me llames machista y me tildes de atrasado en el tiempo. Pero si eres mía. No por una actitud posesiva de mi parte, sino porque tú, por voluntad propia, te me entregaste, tú te hiciste mía desde aquella tarde cuando, aún enamorada me dijiste que podía hacer contigo lo que quisiera. Pues eso es precisamente lo que hice, te tomé y te desarrollé a mi modo, me equivoqué es cierto, perdón. Perdóname por no saber amar, discúlpame por quererte tanto, a tal cantidad que hice que te espantaras, tanto que tu mortal cerebro no lo pudo resistir. Al final tú y yo no nacimos para terminar juntos, ni siquiera para comenzar. Todo desencadenó en la extinción triste de tu vida, mi cuerpo, quedo hecho mil heridas, y tu caballero, siempre sin alas, pereció en el desconcierto, puesto que pese que ganó tu amor, no pudo permanecer a tu lado, ya que con tu suicidio, fuimos castigados, él y yo.
Hoy te escribo esta carta para que te la lleves como recuerdo en tu viaje. Para que dentro de tu tumba no te aburras, y para cuando venga a visitarte la muerte, tengas una historia que contar. ¿Alguna vez has visto llorar a la muerte? , es un espectáculo sin igual, y se cuenta que cada vez que esta derrama una lágrima, en la tierra, un alma se escapa de su terrible maldad.
¿Sabes que tu canto es tortura en mis mañanas y la falta de tus manos es ausencia por las noches? ¿Sabes? ¿Sabes cuánto me duelen ya los ojos de tanto llorar por no estar a tu lado? ¿Sabes?
Y tú te yergues altiva por entre mis sueños, y tú desconoces de mi sufrimiento, y tú permaneces inmóvil, tan tranquila, tan carente de movimiento, como paralizada, como una persona impedida de sentimiento, como si no me oyeras, fría, impávida, casi muerta.
¿Cuánto? Ay, por favor, dime cuanto sabes tú del gélido invierno al que me desterraste, ¿Es qué acaso comprendes del desierto de tus mudas palabras? ¿Tanta crueldad es posible aún sabiendo cuanto te quiero?, volteas la cara y escapes de mí, te esfumas rápido, como bruma de madrugada cuando el sol se deja ver. Tú que sabes como amo, tú que entiendes de mi cursi corazón, tú que has escuchado de tan cerca mis sentimientos, tú que dibujaste tanto romanticismo en mi rincón, como ahora puedes partir tan libre de culpa, como puedes caminar tan fácil al olvido.
¿Por qué callas cuando mientes? ¿Por qué eres dulce cuando con otro te marchas? ¿Por qué le muestras tanto cariño?, ante él si demuestras tu ilusión. Y claro yo al otro lado, desde el reverso del espejo puedo ver, como inhábil espectador, como un inválido de reclamos, de gritos al señor de alas cortadas, de informarle que eres mía. Mía, si, aunque te enoje. Aunque me llames machista y me tildes de atrasado en el tiempo. Pero si eres mía. No por una actitud posesiva de mi parte, sino porque tú, por voluntad propia, te me entregaste, tú te hiciste mía desde aquella tarde cuando, aún enamorada me dijiste que podía hacer contigo lo que quisiera. Pues eso es precisamente lo que hice, te tomé y te desarrollé a mi modo, me equivoqué es cierto, perdón. Perdóname por no saber amar, discúlpame por quererte tanto, a tal cantidad que hice que te espantaras, tanto que tu mortal cerebro no lo pudo resistir. Al final tú y yo no nacimos para terminar juntos, ni siquiera para comenzar. Todo desencadenó en la extinción triste de tu vida, mi cuerpo, quedo hecho mil heridas, y tu caballero, siempre sin alas, pereció en el desconcierto, puesto que pese que ganó tu amor, no pudo permanecer a tu lado, ya que con tu suicidio, fuimos castigados, él y yo.
Hoy te escribo esta carta para que te la lleves como recuerdo en tu viaje. Para que dentro de tu tumba no te aburras, y para cuando venga a visitarte la muerte, tengas una historia que contar. ¿Alguna vez has visto llorar a la muerte? , es un espectáculo sin igual, y se cuenta que cada vez que esta derrama una lágrima, en la tierra, un alma se escapa de su terrible maldad.
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