Se agita junto al foso la criatura,
al leve puente levadizo atenta,
imaginando, más allá, la lenta
ondulación de una pradera pura,
esmaltada de rojo, y oro, y verde,
y coronada de un añil vibrante:
dulce visión en la que el anhelante
miniaturista gótico se pierde.
Pero a la fría voz del foso oscuro,
y al golpe del silencio sobre el muro,
el Cándido retablo es imposible.
Solitaria la torre se levanta,
y al final de su aguja se abre y canta
un retablo en la luz inconcebible.
al leve puente levadizo atenta,
imaginando, más allá, la lenta
ondulación de una pradera pura,
esmaltada de rojo, y oro, y verde,
y coronada de un añil vibrante:
dulce visión en la que el anhelante
miniaturista gótico se pierde.
Pero a la fría voz del foso oscuro,
y al golpe del silencio sobre el muro,
el Cándido retablo es imposible.
Solitaria la torre se levanta,
y al final de su aguja se abre y canta
un retablo en la luz inconcebible.