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La tarde

bristy

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Miembro del JURADO DE LA MUSA
La tarde era cálida, deliciosa; quizas demasiada cálida para la época del año. La suave fragancia del incienso, llenaba dulcemente en la atmósfera quieta, llenaba mi espíritu de calma. Envuelto en una bella aureola, el sol se ocultaba en lontananza, tras las altas cimas de la gran montaña, dejando teñidos de púrpura, como un presagio de la sangre que bañaría esa sufrida ciudad en el futuro, las cimas llenas de nieve.
Las sombras se multiplicaban poco a poco deslizándose hasta la ciudad desde las cumbres gemelas. Bajo nosotros, a la izquierda, un tardío grupo de peregrinos recorría lentamente su camino hacia la puerta del occidente.
El último de ellos, lleno de una premura incríble, se apresuraba hacia la derecha, como si sintiera el temor de verse envuelto en la oscuridad aterciopelada de la noche, ya muy cercana.
El río, discurría feliz en su interminable viaje hacia el mar, lanzando destellos de luz como un tributo al día que agonizaba. La ciudad brillaba con el dorado resplandor de las lámparas. Desde otro rincón se escucha el sonido de un clarinete , como anunciando el ocaso y sus notas volaron y se multiplicaban con el eco por todo el valle, chocando contra la superficie de las rocas y regresando hacia mí con una cadencia diferente. Yo contemplaba toda la escena ya familiar.
Las ventanas iluminadas del gran edificio y en la parte superior, una figura solitaria, aislada y remota, parecía estar observándolo todo. Cuando los débiles rayos del sol se ocultaron detrás de la muralla de montañas, sonó de nuevo el clarinete y después un profundo rumor de un canto brotó. Los últimos vestigios de luz se desvaneció rapidamente y, muy de prisa, las estrellas del cielo se trocaron en un resplandor de joyas brillando sobre un marco de púrpura.
_ Hermosa noche he! - dijo una voz querida.
_ Realmente es una hermosa noche - respondí, poniéndome en pie rapidamente para saludarle.
Se sentó junto a un muro y me invitó a sentarme a su lado. Señalando hacia arriba, dijo :
_ Te has dado cuenta de que las personas, tú y yo, tenemos cierta semejanza con todo eso?
Le miré silenciosa sin comprender qué semejanza podia existir entre nosotros y las estrellas. Seguía contemplándole pero no le encontraba ningún parecido con las estrellas. Sonrió ante mi expresión perpleja.
_ Como siempre, eres tan precisa, igual. Quise decirte que las cosas no son necesariamente lo que parecen ser.
Si escribes alguna frase en caracteres tan enormes que a las personas que habitan el valle les resulte imposible leerlos, su propia grandiosidad impedirá que éstos puedan captarlo.
Se interrumpio y me miró para asegurarse de que era capaz de seguir sus explicaciones. Después continuó :
_ Lo mismo sucede con las estrellas. Son 'tan grandes' que no podemos comprender lo que forman entre todas.
Le miré como a alguien que de pronto ha perdido la razón. Las estrellas formando algo? Las estrellas eran - eso- 'estrellas'! Después pensé en la posibilidad de escribir con caracteres tan grandes como para llenar todo el valle, hasta el punto de que su propio tamaño los hiciera ilegibles. Después siguió hablando con su voz suave.
_ Piensa que tú misma disminuyes y disminuyes de tamaño hasta llegar a ser tan pequeña como un grano de arena. Como podría verte yo entonces? Imagina que aún te haces más pequeña, tan pequeña que incluso el grano de arena fuera para ti tan grande como un mundo. En ese caso, qué alcanzarías a ver de mi persona?
- Se interrumpió y me observó con su mirada penetrante - . Bien? - preguntó -, qué es lo que podrías llegar a ver?
Me quedé asombrada, con el cerebro vacío de todo pensamiento, con la boca abierta como un pez al que acabaran de pescar.
_ Lo único que verías, dijo - es un grupo inmenso de mundos dispersos que ruedan en la oscuridad. Porque, como consecuencia de tu pequeñez física, percibirías las moléculas de mi cuerpo como mundos aislados, separados unos de otros por espacios enormes. Verías 'soles' que serían en realidad las moléculas de ciertos centros psíquicos. Verías un 'universo' !
 
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La tarde era cálida, deliciosa; quizas demasiada cálida para la época del año. La suave fragancia del incienso, llenaba dulcemente en la atmósfera quieta, llenaba mi espíritu de calma. Envuelto en una bella aureola, el sol se ocultaba en lontananza, tras las altas cimas de la gran montaña, dejando teñidos de purpura, como un presagio de la sangre que bañaría esa sufrida ciudad en el futuro, las cimas llenas de nieve.
Las sombras se multiplicaban poco a poco deslizándose hasta la ciudad desde las cumbres gemelas. Bajo nosotros, a la izquierda, un tardío grupo de peregrinos recorría lentamente su camino hacia la puerta del occidente.
El último de ellos, lleno de una premura incríble, se apresuraba hacia la derecha, como si sintiera el temor de verse envuelto en la oscuridad aterciopelada de la noche, ya muy cercana.
El río, discurría feliz en su interminable viaje hacia el mar, lanzando destellos de luz como un tributo al día que agonizaba. La ciudad brillaba con el dorado resplandor de las lámparas. Desde otro rincón se escucha el sonido de un clarinet , como anunciando el ocaso y sus notas volaron y se multiplicaban con el eco por todo el valle, chocando contra la superficie de las rocas y regresando hacia mí con una cadencia diferente. Yo contemplaba toda la escena ya familiar.
Las ventanas iluminadas del gran edificio y en la parte superior, una figura solitaria, aislada y remota, parecía estar observándolo todo. Cuando los débiles rayos del sol se ocultaron detrás de la muralla de montañas, sonó de nuevo el clarinet y después un profundo rumor de un canto brotó. Los últimos vestigios de luz se desvaneció rapidamente y, muy de prisa, las estrellas del cielo se trocaron en un resplandor de joyas brillando sobre un marco de purpura.
_ Hermosa noche he! - dijo una voz querida.
_ Realmente es una hermosa noche - respondí, poniéndome en pie rapidamente para saludarle.
Se sentó junto a un muro y me invitó a sentarme a su lado. Señalando hacia arriba, dijo :
_ Te has dado cuenta de que las personas, tú y yo, tenemos cierta semejanza con todo eso?
Le miré silenciosa sin comprender qué semejanza podia existir entre nosotros y las estrellas. Seguía contemplándole pero no le encontraba ningún parecido con las estrellas. Sonrió ante mi expresión perpleja.
_ Como siempre, eres tan precisa, igual. Quise decirte que las cosas no son necesariamente lo que parecen ser.
Si escribes alguna frase en caracteres tan enormes que a las personas que habitan el valle les resulte imposible leerlos, su propia grandiosidad impedirá que éstos puedan captarlo.
Se interrumpio y me miró para asegurarse de que era capaz de seguir sus explicaciones. Después continuó :
_ Lo mismo sucede con las estrellas. Son 'tan grandes' que no podemos comprender lo que forman entre todas.
Le miré como a alguien que de pronto ha perdido la razón. Las estrellas formando algo? Las estrellas eran - eso- 'estrellas'! Después pensé en la posibilidad de escribir con caracteres tan grandes como para llenar todo el valle, hasta el punto de que su propio tamaño los hiciera ilegibles. Después siguió hablando con su voz suave.
_ Piensa que tú misma disminuyes y disminuyes de tamaño hasta llegar a ser tan pequeña como un grano de arena. Como podría verte yo entonces? Imagina que aún te haces más pequeña, tan pequeña que incluso el grano de arena fuera para ti tan grande como un mundo. En ese caso, qué alcanzarías a ver de mi persona?
- Se interrumpió y me observó con su mirada penetrante - . Bien? - preguntó -, qué es lo que podrías llegar a ver?
Me quedé asombrada, con el cerebro vacío de todo pensamiento, con la boca abierta como un pez al que acabaran de pescar.
_ Lo único que verías, dijo - es un grupo inmenso de mundos dispersos que ruedan en la oscuridad. Porque, como consecuencia de tu pequeñez física, percibirías las moléculas de mi cuerpo como mundos aislados, separados unos de otros por espacios enormes. Verías 'soles' que serían en realidad las moléculas de ciertos centros psíquicos. Verías un 'universo' !


¡Hermoso! Todo cuanto he leído es sumamente hermoso bristy, me recordó en cierto modo a un conocido quien practicaba el zazen y nos regalo momentos divinos mostrándonos simples practicas para mostrarnos la inmensidad del universo. Felicito tu narrativa, tan bien hilada cautivando al lector con la magia del paisaje y el acontecer de "La tarde"
Un cálido abrazo.
 
¡Hermoso! Todo cuanto he leído es sumamente hermoso bristy, me recordó en cierto modo a un conocido quien practicaba el zazen y nos regalo momentos divinos mostrándonos simples practicas para mostrarnos la inmensidad del universo. Felicito tu narrativa, tan bien hilada cautivando al lector con la magia del paisaje y el acontecer de "La tarde"
Un cálido abrazo.
Una vez más mis agradecimientos por tu agradable presencia en estos rincones donde pocos leen. Gracias por tus cálidas y bonitas palabras sobre mi escrito, es un verdadero aliciente para mí. Un afectuoso abrazo estimada Mireya
 
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